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Ecos Del Alma

No me hagas llorar

No me hagas llorar Todos los días, Liz, visitaba el estanque, allí, quería olvidar, conversando con sus amigos, su amor imposible.
Sabía que su amor era una locura, pero ¿Quién gobierna al corazón? se preguntaba.
El estanque estaba solitario lo cual le pareció extraño.
El día estaba hermoso, había una suave brisa, un calido sol y el estanque estaba cubiertos por bellas Flores, era extraño no ver juguetear los patos en él o las ranas brincar alegres, de flor en flor. ¿Qué pasara?, se preguntaba cuando alcanzo a ver a una buena amiga.
-Hola Maggy, solitario esta hoy el estanque. ¿Sabes que pasa?
-Hola Liz, me acerque al verte, para prevenirte que no te acerques al estanque. Se ha mudado en el Rodrigo y últimamente esta terrible, se ha vuelto un ogro.
-¿Rodrigo? ¿Vive aquí?- la sorpresa fue inmensa, su amor imposible ahí.
-Pues si, hacen semanas que se mudo para acá, desde ese día el estanque esta solitario, nadie desea acercarse a él, Rodrigo es peligroso y mas últimamente, Liz me dijiste tu secreto amor por él, por favor olvídalo, no te arriesgues.
¡Ay, Maggy!, cuanto daría por olvidar ese amor.
-Liz. ¡Vete!, El no es igual que tu y además es muy peligroso.
-Gracias amiga, tienes razón, me iré.-
Y para que ella creyera se marcho, escondiéndose detrás de unos matorrales hasta que Maggy se alejo por el camino.
No podía perder la oportunidad de ver a Rodrigo.
Se acerco al estanque con precaución, estaba enamorada de Rodrigo, pero no olvidaba las palabras de Maggy.
-¿Qué haces aquí? – apareció Rodrigo con una cara de pocos amigos.
-¿No me recuerdas? Soy yo, Liz.
-¿Liz?, ah si, ya recuerdo, siempre te acercabas por mi pantano. Nunca dijiste que buscabas allí.
-Me gusta su paisaje y el misterio que adivino en él.
-¿Misterio? Jajaja, quizás la muerte sea su único misterio.
-¿Por qué dejaste el pantano?
-Estaba aburrido, muy solo, mi última compañera se fue. Busco un amor. ¿Te gustaría ser mi nuevo amor?
- ¿Yo?, no sé, me dicen que me cuide de ti, que eres malo.-
Rodrigo la mira con tristeza y unas lágrimas brotan de sus ojos.
-No me hagas llorar, mi dulce y bella damita, ¿no ves que solo me encuentro?,
¿Malo? No, solo tengo un corazón triste sin amor.
-No llores, no fue mi intención herirte, si desde que te vi en el pantano te ame.
-¿Me amas?, ¡Oh, mi dulce amada!
¡Acércate!, déjame cuidarte y amarte.
Liz sintió que la felicidad la embargaba, su amado Rodrigo seria por fin de ella. Cuan equivocados estaban todos, él solo era una pobre alma solitaria, solo necesitaba ser amado y ella lo haría feliz.
Ya sin miedo se acerco a su Rodrigo.
Este abrió su boca para besarla y de un solo bocado se comió a la pobre Liz.
Liz al darse cuenta de su fin solo pudo recordar las sabias palabras de aquel viejo refrán:
… Lagrimas de cocodrilo, lloran para engañar…
Rodrigo con cara feliz y barriga llena se hundió en las frescas aguas del estanque pensando en lo tonta que fue Liz. ¿Como el un formidable cocodrilo iba a amar a una infeliz Palomita?

 

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