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Ecos Del Alma

Cuentos

El Barrio Las Flores

El Barrio Las Flores Prólogo

Amanece y el sol baña las casas. Sus tiernos rayos golpean los parpados de los vecinos, despertándolos.
Algunos, en silencio se preparan para la jornada del nuevo día y otros, con un poco de bullicio.
-Es grato el trajín del nuevo día y verlos partir a sus trabajos o a la escuela- piensa Dorotea
Cada día era la misma rutina, el mismo sonido acostumbrado quienes acompañaban el despertar del barrio.
Un día, el vecindario despertó a una hora desacostumbrada, una melodía los despertó antes que el día, era un canto a la vida, al amor y al nuevo día.
Aunque la voz no era desagradable, los vecinos se sintieron irritados, dentro de su pobreza, problemas y cansancios, dormir era un placer, que no permitían le quitaran,
-¿Quién rayos, canta a estas horas?- gritaban algunos
-¿Es que no tiene respeto?- gritaban otros
- ¿Y esa loca? Rómpele la boca - grito el bravucón del barrio
Todos se levantaron al ver que el canturreo seguía, dispuestos a poner en su lugar a la atrevida.
De repente los gritos silenciaron y la canción continuó, los vecinos volvían a sus hogares, cabizbajos y avergonzados.
- ¡Eyyyyyyyyyyy!, María, ¿Qué pasó?- pregunto Dorotea
-Nada chica, la nueva vecina que nos ha callado.
-¿Callado? ¿Los mandó de paseo? (Expresión popular que significa los mandó al infierno, a la m…etc.)
-¿Qué?, ¡No!, al contrario, se disculpo, pero la verdad que le hicimos creer que no nos molestó su canción. Tendremos que acostumbrarnos. Por lo menos no canta feo.
-¿Qué no les molestó? Ahora si no entiendo nada. Pero si iban dispuestos a callarla.
-¿Sabes que encontramos? Una mujer como de unos 50 o 55 años que tuvo un accidente junto a su único hijo, ella quedó paralítica y su hijo ciego.
Ella canta para agradecer el día, inventa canciones para no olvidar las cosas sencillas, como el amanecer, una flor, el sol y la dicha de estar vivos. Al llegar y ver ese cuadro nos dimo cuenta que así es feliz, ¡Ay! ya la vida la golpeó, nosotros no vamos a golpearla de nuevo. Dorotea miró a María y vio como luchaba por evitar las lágrimas.
- Es curioso, la chismosa del barrio conmovida, Mmmm. eso será por unos días. Luego desnudará a la pobre paralítica hasta descubrir de qué color usa la ropa interior.
A María no la para unas piernas muertas ni ojos sin vida.- pensó Dorotea mientras la veía alejarse.
Dorotea se sirve su café y acompaña el placer de su aroma y sabor con los recuerdos de ese amanecer en el barrio. Hacen muchos meses atrás que en secreto escribe el día a día del barrio. Un barrio como muchos, con sus alegrías, tristezas y pobreza. Un barrio humano, vivo.

El tontín

Manolo y Josefina eran felices, la vida había premiado sus horas de arduo trabajo. Sus panzas ya no gritaban de hambre y sus cuerpos habían dejado atrás el tiempo donde solo se cubrían de ropaje de terceros. Su pequeña bodega ahora era un próspero supermercado. Los vecinos del barrio se alegraban de su merecida suerte.
La vida les sonreía pero, poco a poco, sus corazones se olvidaron de sus orígenes humildes, de las veces que algún vecino sació sus agitadas tripas o los socorrió con algún dinerito.
Como nuevos riquitos los vecinos ahora les avergonzaban.
A Julia, su única hija, la apartaron de sus amigos de infancia, aquellos con los que su niñez transcurrió protegida y querida. Ahora solo salía con jóvenes, que como ellos decían, de su círculo social, jóvenes merecedores de su posición económica. Reuniones sociales en el club, discotecas, fiestas donde don fulanito, ropa de marca, lujos, amigos con clase, alcohol y trasnoche eran ahora su mundo perfecto, donde la valiosa hija habría de encontrar un matrimonio adecuado.
De una niña estudiosa y humilde, a Julia la habían convertido en una joven fatua.
Los vecinos se sentían dolidos y aún no entendían el porque ellos aún permanecían en el barrio, aunque habían mejorado y modernizado su antigua casa no se mudaron del barrio que sentían no estaba a su altura.
Lolo, el tonto del barrio, era el único que aun frecuentaba la casa de Josefina y Manolo pero solo como jardinero, ya que poseía un don especial para las plantas.
Lolo era uno de los niños que jugó con Julia y desde pequeño se había autonombrado su protector. Era un joven de piel curtida por el sol, de enormes ojos negros, cuerpo atlético y bello rostro. Su lentitud para hablar y dar una respuesta antes una pregunta lo había hecho merecedor del mote Tontín. Así como muy querido por todos por su gran corazón, fidelidad, honestidad y disponibilidad de ayuda.
Lolo acudía a cuidar el jardín de la casa de Julia, solo por cuidarla, por seguir a su lado aunque sea en su condición de jardinero. Julia a pesar del orgullo no podía dejar de querer a Lolo, en su corazón estaban grabadas las veces que de pequeña Lolo fue su ángel guardián, quien seco sus lágrimas, curó una herida o le evitó desgracias.
Cada miércoles y sábado, Julia veía llegar a Lolo y a escondida de su madre charlaban. Allí junto a él, volvía a ser aquella niña humilde y feliz.
Un miércoles Lolo encontró a Julia llorando, sintió que aquellas lágrimas laceraban su alma, acercándose a ella le preguntó – Julia, ¿qué tienes? ¿Te caíste? ¿Te duele algo?-
Julia miró a su gran amigo y aún más angustiada respondió entre sollozos – Lolo, estoy desesperada, ¡quisiera morirme!-
-¿Morirte? ¿Por qué? ¿No sabes que los muertos huelen mal? ¿Me dejaras? No conozco el camino de sus casas.-
- ¡Ay!, Tontín, que cosas dices. Estoy desesperada, no sé que hacer.-
-Ven, cuéntame que pasa, tu Lolo te ayudará, ¿no lo he hecho siempre?-
Julia lo mira con amor y desahogando su alma le confía que esta asustada, no sabe como pasó ni con quien, ya que estaba borracha y no recuerda mucho, pero sabe que se acostó con un hombre. Lo sabe porque al despertar en la habitación del hotel vio manchada de sangren en la cama. ¡Perdió su pureza y no sabe con quien!
Su mente se atormenta constantemente con las mismas dudas: ¿y si esta contagiada con sida u otra enfermedad venérea o la han embarazado?


Lolo la mira con tristeza, su bella Julia, su hada, ya no es pura, solo una flor cortada por un mal jardinero. ¿Cómo reparar el daño? ¿Cómo sembrar de nuevo una planta arrancada sin cuidado y de raíces dañadas? De pronto recordó aquella plantita que una vez salvó, solo necesito paciencia y amor. ¡Eso es! se dijo.
-No te preocupes mi reinita, aquí está tu Lolo, Vamos al médico, yo te acompaño, así sabremos que tenemos que hacer.
Al otro día Lolo acompaño a Julia al médico, después de varios exámenes todo resultó negativo, no estaba contagiada. Pero lo del embarazo, aún era muy pronto para determinarlo.
Lolo y Julia estaban felices, la muerte no la rodeaba.
Lolo le propuso a Julia casarse y si con los días o meses resultaba embarazada, no habría escándalo. Luego si no lo estaba, ella podría separarse de él.
Julia, miró a Lolo y descubrió en ese instante la belleza de su alma. Acepto lo propuesto y en el mayor de los secretos se casaron días después.
Meses después se supo la noticia, de la boda secreta y el embarazo de Julia.
El barrio estaba sorprendido, los padres de Julia inconsolables y Julia y Lolo felices.
- Lolo, que calladito lo tenías bribón.- le dijo un vecino
-¡Quién te ve, Tontín! Creo que de tonto no tienes nada- le dijo otro
-¿Cómo lograste enamorarla? Cuéntanos Lolo, Vamos dinos el truco.- le preguntó el más atrevido.
- ¡Ah!, es fácil, las mujeres son como las flores, aman al mejor jardinero. Yo seré Tontín pero no de corazón.- y sonriendo se alejó dejando a los vecinos con la certeza que nuestro tontín era un sabio.
Meses después nació una hermosa niña, nadie podía dudar de quien era. Mirar su carita era ver, la de nuestro Tontín.


"El secreto de Ana Rita"

Ana Rita no podía olvidar, vivía aferrada al ayer. Ayer de dolorosos recuerdos. Día a día esperaba su regreso, callada, solitaria, buscando su silueta en el horizonte.
Los vecinos la miraban con tristeza, el dolor dibujaba caminos de lágrimas en su rostro. Nadie sabía el porque de su gran pena, muchas historias se tejían sobre ello. Solo yo conocía la verdad.
Ana Rita tenia sedienta su alma, pero nada la apagaría, solo el regreso de su amado.
Un amado que por ideales y el cruel destino le habían arrebatado.
Solo su juramento mantenía con vida su alma. ¡Volveré!
Veinte años han pasado y aquella joven que una vez fue había muerto dándole paso a una mujer madura, triste y solitaria y en su mundo seco. Hasta el paisaje alrededor de su casa había muerto, allí, ni los pájaros rompían el silencio de su llanto.



Era un día hermoso del verano del 1947, los jardines de su casa lucían sus mejores ropajes, adornados de miles amapolas. Los pájaros con sus trinos despertaban el día y el corazón de Ana Rita latía pleno, feliz y enamorado.

-¡Buenos días! niña. Su madre le recuerda que debe estar lista para el desayuno.
-Mmmm, Yami, ¿No es muy temprano?
-¡Ay!, Ana Rita, mi niña, si son más de las ocho.
-¿Más de las ocho?, ¡Rayos Yami, ayúdame, pronto llegaran los Ocampo, quiero estar hoy bella.
-Mmmm. ¿Por los Ocampo o por el niño Juan Alejandro?
-Shhhhh, Yami. Jajaja

Mientras la alegría llenaba los rincones de aquella casa, no lejos de allí, un grupo de jóvenes se reunían en el mayor secreto, hermanados por un ideal, la lucha contra la tiranía que arropaba el país.
Juan Alejandro Ocampo, un mozo de buen corazón, gallardo y con fuertes ideales patrióticos, era uno de aquellos jóvenes.
Estos jóvenes luchaban por la libertad, poniendo sus vidas y la de sus familiares en peligro. Pero su amor por la patria valía eso y más.
La familia Ocampo, de clase media, poseían varias tiendas, una de ellas cerca de la plantación de Caña, propiedad de los Del Valle. Francisco Del Valle y Juan José Ocampo habían compartido una fuerte amistad desde la infancia, nunca les importó que fueran de distinta clase social. Su amistad era verdadera, Francisco al crecer mantuvo esa amistad a pesar del disgusto que le ocasionaba a su esposa,
Lucia Del Valle, dama de la alta sociedad, amante de las fiestas, el lujo, vanidosa, egocentrista y poco afectuosa. El que dirán era su mayor preocupación.
Don Francisco, sin embargo, era de alma humilde, cariñoso, incansable amante del trabajo y un hombre que valoraba las personas por lo que eran y no por lo que tuvieran. Los que dirán de esa sociedad hipócrita y vanidosa no le interesaban.
Juan y Ana Rita, crecieron juntos y al crecer ese cariño fue convirtiéndose en un amor fuerte y verdadero. Ana Rita temía la reacción de su madre al enterarse de su relación con Juan.
Juan, como hombre bien criado, decidió poner en conocimiento de los padres el amor que sentían.

- Niña, dice su madre que le esperan.
-Yami, ¿Ya llegaron?
-Si
-¿Cómo me veo?
-Bella como siempre, el Juan quedará maravillado.
-¡Ay!, Yami, estoy asustada.
-¿Por qué?, su padre quiere mucho a los Ocampo, él vera con buenos ojos su relación con Juan Alejandro.
- Lo sé, Yami, mi miedo es mamá, sabes como es.
-Bueno a ella no le gustará,no son de su
clase, pero no temas niña, ya su padre la controlará.
-Ojala, Yami, ¡Ojala!

Juan Alejandro se sentía nervioso, hoy pediría el permiso al amor de Ana Rita, sabía que la madre lo rechazaría, pero tenia la esperanza de contar con la ayuda de Don Francisco.
Se dirigió a su hogar en busca de sus padres. Esa mañana estaban invitados a desayunar con los Del Valle, para celebrar el cumpleaños de Don Francisco. En esa reunión aprovecharía para dar a conocer su amor por su Ana Rita.

-¡Ey!, Juan. Te estaba buscando- le grito Carlos, uno del grupo secreto de Juan, muy nervioso y asustado.
-¿Qué pasa Carlos?
-¡Nos descubrieron!, Atraparon a León, debemos salir del país o escondernos, pronto sabrán quienes somos.
-¿A León?, pero ¿Cómo?
-La sirvienta lo delató.
-¡Maldición!, ¿lo saben los demás?
- Si, vete hoy mismo, León aunque no lo deseé hablará, lo llevaron a La cuarenta.
- ¿A La Cuarenta?, Entonces está perdido y nosotros con él. Hoy mismo me iré.
-Yo también. ¡Cuídate amigo!

Ambos jóvenes se alejaron, llevando en sus corazones el temor, la incertidumbre del mañana y el dolor de una patria sin esperanzas.


-¡Buenos días Juan!, Por fin llegas, ya estábamos angustiados, Don Francisco nos espera.- lo recibió la madre dándole un beso.
-Perdone Madre, en unos momentos estaré listo. ¿Esta Papá en el estudio?
-Si

Juan Alejandro, busca a su padre y en pocas palabras lo pone al tanto de la situación, pidiéndole perdón por haber expuesto toda la familia. El padre comprende que la muerte asecha su hogar y decide huir del país para salvar a su familia. Su hijo odia la tiranía, luchó contra ella exponiendo su vida. Don Juan comparte sus ideales, ¡una patria libre! -¿Cómo regañarlo?- piensa lamentando que su sueño haya muerto.
Antes de marchar visitan a los Del Valle y se despiden de Francisco y su hija. Juan Alejandro, mientras abraza una Ana Rita que llora, en silencio maldice al destino que lo separaba de su amada. Perdía en un día, sus sueños de una patria libre y la mujer que amaba.
Todo pasó tan de prisa que solo un recuerdo quedo grabado en el corazón de aquellas almas jóvenes, en Ana Rita la promesa de Juan Alejandro de volver por ella y en él las palabras de amor eterno y esperarlo de su amada.

Los años transcurrieron y el país siguió sufriendo la crueldad del tirano, la sociedad vivía en el temor y los patriotas morían vilmente asesinados o escapaban dejando atrás familia y patria.
Ana Rita, no tuvo más noticias de Juan Alejandro, desde que marchó junto a su familia, pero su corazón no lo olvidaba.
Sus padres murieron y ella quedo sola en aquella casa, los vecinos no entendían el porque de tanta soledad y tristeza.
Solo yo conocía su historia, solo yo, cada tarde, en aquel jardín, un día hermoso y ahora seco por el silencio de su llanto, la acompañaba en su eterna espera.
Una tarde, como tantas, me acerque a su jardín y la encontré muerta, de sus yertas manos una carta se había deslizado, la tomé y al leerla descubrí la causa de su muerte. Su amado Juan Alejandro había muerto, su hijo le enviaba una carta complaciendo su último deseo.
Solo unas cuantas palabras, le había escrito, aquel que tanto esperó.

Ana Rita, mi amor:
No pude volver, perdóname. Después de muchos años me casé. Nunca te olvidé, fuiste la mujer que más amé.
Hasta que nos volvamos a encontrar.
Tu Juan


Ana Rita ya no tenía una razón para vivir, pero si una razón para morir.
Guardé la carta y busque en el horizonte, aunque nada vi, sabia que Ana Rita se alejaba en busca de su amor, dejando atrás el silencio de su llanto.





El Profesor

En todo barrio siempre existen varios personajes que forman parte del barrio mismo, hoy referiré la historia del loco del barrio, el Profesor Miguel.
El profesor Miguel, además de sus extravagancias, es un loco muy peculiar.
Es un hombre culto, buen orador y poeta. Cuentan los vecinos que fue un joven muy estudioso, graduándose de la universidad en literatura a muy temprana edad.
Su ir y venir en el barrio, sin hogar fijo, comiendo en la casas que elegía según su deseo y cuidado por todos. Su raído traje gris, su viejo maletín y sus acostumbrados discursos literarios o creer ser uno de sus poetas preferidos, son las características de este amado loco.
Cuando formamos parte del barrio, el Profesor Miguel nos incluyo en sus visitas, poco a poco al conocernos y tener en común nuestro amor por la poesía, el Profesor me deleitaba con innumerables poemas, a veces creyéndose un poeta famoso y otras con poemas de su propio ingenio.
Neruda, Rubén Darío, entre otros, visitaban mi hogar. El profesor era feliz en ese mundo fantástico.
Intrigada por tan peculiar personaje quise saber más de él.
He aquí la historia de nuestro amado loco.
El Profesor Miguel fue un estudiante brillante, de familia rica, buen hijo y vecino. Al cumplir 24 años ya ostentaba la licenciatura en literatura y era profesor en un colegio privado. Escribió en varios periódicos, una columna literaria. A la edad de veintiocho años logró su mayor anhelo, convertirse en catedrático de nuestra Universidad.
Miguel, tenía todo por cuanto se había esforzado. El amor, lo único que le faltaba, le llegó en la figura de Rosita, una bella joven, de veinte años, vivaracha, voluble y muy coqueta. Los vecinos se sintieron intranquilos al ver su elección, ya que esta joven era muy diferente a Miguel, serio, responsable, maduro y poco mujeriego.
Rosita pronto convenció a todos de lo mucho que amaba a Miguel y empezó a mostrar una conducta adecuada.
Miguel como único hijo, heredó a la muerte de sus padres la mejor casa, en ese entonces, del barrio. Allí se instaló, al casarse, con su esposa. Dos años transcurrieron de tranquilidad y felicidad para el buen Profesor.
La madre de Miguel tenía una hermana que murió al nacer su hijo, Alejandro.
Los padres de Miguel criaron a este niño y para Miguel Alejandro era su
hermano menor, siete años menor que Miguel.
Miguel lo había mandado a perfeccionar el inglés a los Estados Unidos, Alejandro regresaba y Miguel sentía que la vida era perfecta. Sus dos seres más queridos estarían junto a él. Muchos planes tenía para el futuro de su amado hermano.
Rosita y Miguel prepararon una fiesta para recibirlo. Los vecinos se regocijaron con la felicidad de Miguel.
Cuentan que Rosita al conocer a Alejandro quedó prendada de este y el fingido cambio pronto fue olvidado. Rosita no estaba enamorada de Miguel, lo aceptó solo por la buena posición económica que él tenía y por la vanidad de tener el mejor partido del barrio.
¡Cuán ajenos estaban todos de la desgracia que se avecinaba!

Alejandro y Rosita compartían los mismos gustos, Miguel, ajeno a la maldad de su mujer, veía con placer el cariño y la felicidad de ambos, pensaba que su pobre mujer tenía ahora alguien, tan joven como ella, para disfrutar de bailes, paseos y otras actividades que a él le costaba tanto compartir.
Los vecinos no pensaban igual y presentían que la desgracia pronto visitaría el hogar de Miguel. Los más atrevidos intentaron advertir a Alejandro pero este no veía la maldad en Rosita.
El tiempo transcurrió y como una araña, Rosita fue tejiendo su trampa alrededor del joven hermano de Miguel, hasta que éste se despertó un día descubriendo que se había enamorado locamente de su cuñada. Ninguno de sus intentos fue suficiente para evitar la desgracia, Rosita utilizaba a Miguel para evitar que Alejandro se marchara. El mal amor rompió con sus defensas y Alejandro, loco de amor, sucumbió al deseo.
Los amantes aprovechaban las horas de ausencia del pobre Profesor. Vanos fueron los intentos de los vecinos, la pasión fue más poderosa que el amor por su hermano.
Los vecinos callaron con dolor e impotencia lo que sucedía, rogando a Dios que Miguel no descubriera la infamia.
Un día Miguel apareció más temprano por el barrio, estaba enfermo. Los vecinos alarmados intentaron evitar que se acercara a la casa y ofreciéndole un té lo entretuvieron para avisar de su llegada a la infiel y el mal hermano.
Pero el diablo puso sus manos y aquellos infames no escucharon los golpes desesperados en su puerta. La vida o el destino decidieron que la hora había llegado, Miguel descubriría la mentira en que vivía.
Alertados y esperando lo peor, dos amigos y vecinos de Miguel lo acompañaron hasta la puerta de su casa, Marino, estudiante universitario, fingió necesitar una enciclopedia y esperaron en la entrada a que Miguel se la prestara.
Miguel entró a su hogar y se encontró cara a cara con la peor verdad de su vida. Las dos personas que más quería se revolcaban en la más vil de las pasiones, olvidadas del amor al buen Profesor. Miguel enloqueció y a los gritos de la esposa, los vecinos entraron evitando que Miguel manchara sus manos con la sangre de Alejandro. Miguel cayó en la cama, mudo, aterrado, asqueado y vencido.
Los viles amantes desaparecieron desde ese día y jamás se ha vuelto a saber de ellos.
Miguel permaneció mucho tiempo en manos de médicos, encerrado en un mutismo aterrador, perdida su mente, perdida su alma.
Pasaron unos años y miguel fue dado de alta, era un pobre loco, inmerso en un mundo fantástico de poesías y literatura. Se había ocultado en un mundo donde el dolor, de aquel terrible día, no lo alcanzaba.
Los vecinos lo adoptaron amorosamente y desde ese día con un silencioso pacto han cuidado de él.
Miguel, a veces Neruda, Rubén Darío o un simple poeta vive en el barrio rodeado de amor y en un mundo creado por su mente, donde la maldad no tiene cabida.
Como él siempre repite:
"La literatura sin edad ni espacios es sentir, luz en las tinieblas y alma que aleja el mal"
¡Bendita su locura! Donde ha encontrado el antídoto para no odiar.
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Tren del pasado

Tren del pasado Con la mirada triste y en el corazón un ruego, contempla y espera el tren. Aquel, que transitan sobre rieles de frío metal y amor muerto. Ese, en el que un día partió su niñez, cubierta de ternura y besos, ¡besos de su madre!

 

Cada día la niña, de hermosos rayos de oro y de mirada de ensueño, se sienta en la estación y espera.

 

-¿Será hoy?- se pregunta. - ¿Volverá mamá?-

 

Los vecinos que conocen su historia la miran con pena, tienen laceradas sus almas antes aquella muda espera.

 

¿Cómo explicarle a aquel corazón ingenuo, a aquella diminuta niña que jamás volverá su madre?

 

Aún recuerdan con horror el día que escondieron, de sus inocentes ojos, la imagen del cuerpo de la madre. Cuerpo destrozado en la vía por el tren.

 

Aún desconocen si su muerte fue causa del destino o empujada por la desesperación de sus manos vacías. Vacías antes el llanto de hambre y techo de la pequeña.

 

El recuerdo duele, el sentimiento de culpa golpea, nadie sintió lastima de aquella pobre mujer en vida, nadie le ofreció una mano amiga. Fue dejada a su suerte, fue olvidada.

 

Ahora, es su niña, la hija del pueblo, la que todos cobijan, protegen y alimentan. La que día a día sentada allí les recuerda, que por ellos espera en vano.

 

¿Cómo decirle que no volverá, que su madre yace en una fría y olvidada tumba?

 

El tren llega, la niña mira ansiosa. No ha vuelto su madre.

 

Unas lágrimas mojan su cara, otro día que su sueño se esfuma.

 

Dejando atrás la estación, camina silenciosa.

 

-¡Hola!, Solecito- saludan a su paso

 

La niña seca sus lágrimas y sonriendo piensa,

 

- ¡Ay!, mamita, que feliz estarás cuando vuelvas, ya no volverás a llorar. ¿Sabes?, hay tanta gente buena en el pueblo. Ya no tengo que pedir comida como tú, ni dormir bajo la lluvia, ya no tengo frío. Todos me ayudan. ¡Son mis amigos!

 

¡Te extraño tanto!

 

Mañana volveré a esperarte, sé que llegaras.

 

 

Muros

Muros Deambulaba confundido por ese laberinto de calles hasta que vio  a aquella mujer, hermosa, misteriosa, que danzando lo llamaba.
- Te sigo, escucho tu música,  no te escondas en esos muros, ¡tortuosos pasillos!
¿Por qué? ¡Oh!, amada, ¿por qué me tormentas?
Me miras y sonríes. Y tus ojos, cual estrella, guían mis pasos. Pasos, que una y otra vez, lo detienen estos muros impenetrables. Este odioso laberinto.
¡No huyas, detente! ¿No sientes mi angustia, no vez que enloquezco?-
Despertó cansado, tres días tenía con el mismo sueño recurrente y cada día se hacia más intenso, de tal manera que ya no quería despertar.
Le obsesionaba aquel sueño, su laberinto y aquella mujer… solo de eso hablaba, solo en eso pensaba.
Mauro no creía en sueños, ni mucho menos que ellos revelaran una realidad o aviso  del que su yo despierto estaba ciego. Sus interrogantes no le interesaban, solo quería la paz que allí presentía, sabía sin poder explicarlo, que al final del laberinto ella lo esperaba. ¡Su amada! Allí estaba todo cuanto anhelaba.
Sin que nadie lo sospechara, cada noche el sueño y aquel laberinto se apoderaban de su alma.
Su inconciente buscaba lo perdido y así, un día, sucumbió en el sueño, caminó por última vez aquel laberinto, pero esta vez, encontró la salida.  Allí, sonriendo, ella  estaba. Ya no importaba despertar. Allí, al fin, era feliz, su cuerpo flotaba, ya no mas angustias. Solo amor.
Mauro no creía en sueños ni que eran una advertencia a su yo despierto.
Se durmió para siempre, en busca de su amada y allí entendió el mensaje, aquel del que su cuerpo fue ciego, estaba enfermo y la muerte, como tierna amante, lo esperaba, liberándolo.

El retrato

El retrato Fumaba un cigarrillo mientras contemplaba aquel retrato, desde muy pequeño aquella fotografía era su refugio, daba calma a su ser, aunque desconocía las causas.
Su padre fue un fotógrafo famoso y aquellas fotos eran las que no expuso, él murió en un accidente aéreo junto a su madre. Casi no los recordaba tenia cinco años cuando sucedió.
Miro la foto y como siempre se sintió extrañamente inquieto y a la vez una inmensa paz lo llenaba, era una foto donde una mujer de espalda miraba el ocaso, su cuerpo envuelto en una túnica blanca parecía etéreo y un hermoso pelo negro ondeaba con el viento, no se veía su rostro, el fotógrafo, su padre, había hecho de ella parte de ese ocaso y los mil colores de este se reflejaban como fuego en la imagen de la mujer, era como si ella fuera la creadora de tanta belleza. Mirarlo era como entrever la belleza en la muerte del día dando paso a la noche creada por aquella etérea hada.
Estaba tan absorto en la foto que no sintió llegar a su hermana
-¿Marcos?, Aquí estas, como siempre que te enojas o estas preocupado.
-¿Qué pasa ahora Marcela?, ¿El abuelo de nuevo?
-Pues sí. Te ha estado buscando. Dice que es urgente.
-Como todo lo de él. A veces desearía irme lejos.
-Marcos ¿Qué pasa? ¿No eres feliz?
Marcos mira con ternura a su hermana y piensa que es lo único que lo detiene. Si no fuese por ella ya se hubiese ido bien lejos. Don Genaro, su abuelo, los adoraba pero era tan autoritario y frío que vivir con él era un suplicio.
-Solo es cansancio Marcela, no me pasa nada y claro que soy feliz y más cuando veo tu carita y me sonríes.
-Entonces te sonreiré y hasta un beso te doy pero ya cambias esa cara.
-¡Mi Marcelita!, Ven vamos a ver que desea el abuelo.
El abuelo estaba en el estudio, parecía un tigre enjaulado. Marcos al verlo pensó que a pesar de sus años era un hombre fuerte, pero muy frío. Fueron cuidados por él al morir sus padres pero solo eso, casa comida, confort. Jamás recibieron un gesto de amor de él.
-¡Marcos!, entra.
-Hola abuelo, ¿qué deseas?
-Hijo, lee esto.
Marcos sentándose tomo los papeles que el abuelo le entrega, con resignación empieza a leer y poco a poco su rostro se torna lívido y mira al abuelo acusador.
-¿Qué significa esto?
-Marcos, cálmate te explicaré.- Al terminar de explicarle, por vez primera Marco ve lagrimas en los ojos del abuelo y a pesar de la rabia que siente, calla.
-¿No dices nada?
-Mejor no. Pero dime algo abuelo, ¿esto es real?, ¿es confiable este abogado?
-Sí, el Dr. Ferrant es un buen abogado, honesto y fue el mejor amigo de tu padre. Como ya te explique tiene un año investigando, ahora tenemos que ir nosotros para terminar y quien mejor que tú.
Por eso te lo he contado todo, debes viajar a Brasil.-
Marcos mira al abuelo y mil cosas vienen a su mente, pero necesita estar tranquilo, necesita averiguar todo antes de decidir.
-Iré, pero que quede claro, esto no ha terminado, tú y yo hablaremos cuando vuelva.
Otra cosa ni una palabra de esto a Marcela. ¿Te queda claro?
-Marcos que soy tu abuelo, ¿cómo te atreves a hablarme así?-
Ambos se miran, el abuelo baja la mirada y con tristeza dice:
-Esta bien, como desees. Cuídate y por favor mantenme informado.
El Dr. Ferrant espera el avión de la compañía, espera intranquilo a Marcos, enfrentar al hijo, de quien en vida fue su gran amigo, le da temor. En su informe a Don Genaro solo dijo lo importante, no dio detalles pero sabía que Marcos lo averiguaría. Sentía miedo de decir aquello que guardo por tantos años. Ese secreto que golpea su alma día a día.
Divisa el avión y un suspiro sale de su pecho, se levanta y decide encarar el miedo, el pasado y el dolor.

-¿Dr. Ferrant?
- Sí. Es un placer conocerlo. Lic. Strautt
-Igualmente Dr., prefiero me llame Marcos. Necesito me ponga al día todo lo que ha averiguado.
¡De todo!, ¿Me entiende?
-Sí, entiendo. Todo lo tendrá a su disposición.
-¡Gracias!
-¿Dónde se alojará? Le reserve en el mejor Hotel de aquí.
-Gracias, pero prefiero ir a la Hacienda.
-¿A la Hacienda?, como desee. Los encargados la tienen siempre lista.
-Pablo, a la Hacienda.- le indico al chofer y partieron, Ferrant sentía como se iba acercando la hora de la verdad, aquella tan dolorosa.
Mientras iban acercándose Marcos buscaba en su memoria recuerdos de esa hacienda, pero eran tan borrosos, tenía cinco años la ultima vez que estuvo en ella. Solo la imagen de aquella fotografía vivía en sus recuerdos, aquella mujer, aquel ocaso y la sensación de que la conocía.
La Hacienda estaba bien cuidada, los trabajadores estaban recolectando las uvas, se divisaban áreas y áreas de la cosecha y al fondo se divisaba la casa, blanca, hermosa, con tejas rojas y bañada por el sol. Por un momento recordó la mujer de la foto y se prometió ir a aquel montículo y mirar el ocaso, sentir la brisa y quizás descubrir el porque de su obsesión, el porque verla era su refugio.

Los días en la Hacienda y descubrir los secretos del pasado le dieron a Marcos una nueva visión de la vida, había tanto amor, tanto dolor y miseria en ese pasado, que Marcos decidió luchar con toda su fuerza para que todo ese horror no cayera sobre su hermana Marcela.
Reviso todos los documentos de Ferrant, terminando por aceptar que sus padres no habían muerto como siempre creyeron, el avión de su padre había sido encontrado, el viajaba solo, solo su cadáver fue encontrado y junto a él una carta donde explicaba que no fue accidente, él se había estrellado a voluntad, su madre había quedado en la hacienda, enterrada por su padre al pie de aquel montículo.
Ferrant sabía de los celos enfermizo de su padre, el fue su amigo.
Aquella foto, aquella etérea mujer era su madre, su padre tomo esa foto para inmortalizar el momento que la convirtió en eterna, matándola luego.
Ahora sabía él porque le atraía esa foto, recordó ese día, día dormido en los recuerdos del niño. Siguió a sus padres al montículo, lo vio tomar la foto y acercarse lentamente a su madre, lo vio empujarla y escucho el grito de ella al caer. Grito de perdón y amor. Callo en un profundo sueño, un sueño donde oía una y otra vez la voz de su madre gritar:
- ¡Jorge!, te amoooooooooo.- y luego despertó, su tierna alma ocultó este terror, hasta hoy, al leer la carta de su padre. Allí narraba su desesperación, su equivocación, su enfermedad. Allí decía como encontró a Marcos y el dolor de ver su alma perdida. Su pena fue profunda, desgarradora y comprendió que debía salvarlos y por eso les dio un recuerdo, aunque doloroso, noble. La muerte de ellos en un viaje, borrando el terror de saberlo un asesino, asesino de una mujer que su único pecado fue amarlo. ¡Su Madre!
Marcos allí en el montículo lloro por todos los años que su alma ocultó ese secreto.
Miro el ocaso y creyó ver a su etérea mujer. ¡Su madre! y entre sollozos un juramento salio de su alma.
-Lo perdono madre, jamás conocerán esta historia. Tú aun al morir lo amaste, lo perdonaste. Yo, hoy vuelvo a olvidar.
El sol lentamente moría, ¡El Ocaso!, el cielo lucia sus hermosas galas de mil colores, una suave brisa inundo el alma de Marcos y un eco lejano trajo una voz, un mensaje:
-¡Teeeee amoooooo!

La visita inesperada

La visita inesperada Abrió su computadora y se dispuso a escribir la nueva novela, empezarla siempre se le había hecho fácil.
“El me abia avisado, llegaba en el tren de las cinco. Acia cinco años que no lo veía.
¿Cómo estaría, más flaco, más viejo, canoso, gordo? ”
Dejo el teclado y encendió un cigarrillo, miraba fijamente el humo como si en él encontrara nuevas ideas para su novela. Surgiéndole una idea volvió a su teclado y cuanta no seria su sorpresa, allí alguien que no era él había escrito:
-Ya me cansé, no soporto más estupideces. ¿Quién te ha dicho que eres escritor?
¡Analfabeto! Ni siquiera sabes escribir.-
Sorprendido y aterrado leyó y releyó, ¿quién le había escrito eso? No se atrevía a borrarlo, pero tenía que terminar la novela, su editor le exigía la obra o si no le cancelaría el contrato.
Aunque sus manos temblaban borro lo que alguien había escrito y siguió su novela.
“Estaba ansioso por ver a su padre, estos años de silencio no lo perdonaba, él tendría que explicarle porque abia engañado a su madre. Su traición la consumió, por él oy estaba muerta.”
En eso momentos la computadora enloqueció, las letras aparecían solas y de nuevo recibió un mensaje:
- ¡Analfabeto!, deja de dañar el idioma. ¿Cómo es que te leen, cómo pueden soportarte?
¿Escritor?, Jajaja.-
Ya más que asustado estaba enojado, ¿Cómo se atrevía? Sea quien sea se había pasado.
y sin más le escribió:
- ¿Quién rayos eres?, ¿Cómo te atreves entrar en mi PC?-
-¿Quién soy? puedes estar seguro alguien que no te soporta. ¿Quién te crees que eres escritor de pacotilla?-
-¿Escritor de pacotilla?, ¿Yo?, Yo soy un gran escritor, un novelista famoso. ¿Tú quién rayos te crees, maldito?
-Yo, soy Doña H, vives ignorándome, ¡Analfabeto!
-¿Doña H? No te conozco. Y deja de insultar, mal nacida.
-Ya sé que no me conoces. Jajaja, si eres un ignorante. Suerte que tienes de que corrigen tus novelas, si no fuese así, jamás hubieses triunfado.
-¡Ya está bien!, ¡Sal de mi PC!
-¿Qué salga? ¡Jamás! O aprendes a usarme o te haré la vida imposible.-
El novelista empezó a tener una ligera sospecha.
-¿Doña H?, ¡eres una letra!
-Sí, la letra H y no sé porque me ignoras.
-Jajaja, pero si eres muda. ¡Estoy chateando con una letra! ¡Es la locura!
-Locura es tu ortografía. ¿Qué decides, me usas o te haré vivir un tormento?
-Me caes bien, perdona. Te creí innecesaria, por lo muda. ¡Cálmate!
aremos un trato, tú me corriges y así iré aprendiendo a usarte. ¿Estas de acuerdo?
-Bueno, es un trato. Me usas y no te molestaré. Otra cosa, tengo muchas hermanas y hermanos, evita molestarlos o también te harán la vida difícil.- y diciendo esto todo desapareció, salvo lo que el escritor había escrito para su nueva novela.
El escritor miro la pantalla y vio como las haches aparecían donde se necesitaban. Sonriendo encendió un cigarrillo y pensando en la ocurrido decidió cambiar su novela.
Le pareció más gracioso escribir un cuento donde Doña H seria la protagonista.

Belén

Belén Estaba nerviosa, tanto tiempo sin verlo.
¿Qué hará al verme? ¿Me reconocerá? ¡Cuánto había extrañado a mi amigo!
Había llegado una hora antes de la hora de su vuelo, el aeropuerto estaba lleno de personas, unas que se iban, otras que llegaba y muchas como yo, en espera, ansiosas, alegres y quizás temerosas del reencuentro.
Decidí matar el tiempo y me acomode en un rincón con la intención de leer un rato. Leer me tranquilizaba y en esos momentos era mejor no pensar o me volvería loca de ansiedad.
-Disculpa, ¿le molesta que me sienta a su lado?
Alce los ojos del libro y me encontré con una hermosa niña, de mirada triste e inocente, como de unos seis o siete años.
-No me molestas, siéntate. ¿Cómo te llamas?
-Belén ¿y tú?
-Irma
-¿Vas a viajar?
-No, espero a alguien. ¿Belén, estas sola?
-No, esos de allí son mis padres y mi nuevo hermanito.-dijo señalándome una pareja con un bebe en brazos.
-¡Qué hermosa familia tienes!
-Sí, pero no me quieren escuchar, por más que le digo que no deseo viajar y que algo malo nos pasará, no me hacen caso. Estoy muy triste.
-¿Por qué crees eso?, viajar en avión es muy seguro.
-Sé que pasará algo, lo soñé. ¿Podrías hablar con ellos?, quizás a ti te escuchen.
¿Cómo negarme antes esa mirada tan dulce y con tanta tristeza?
-Si te tranquiza, ven, vamos a conversar de esto con tus padres, pero ¿Sabes algo Belén? A veces por temor a volar soñamos esas cosas. Son solo sueños feos.-
Le dije tomándola de la mano y dirigiéndome donde sus padres.
-Buenas tardes, me llamo Irma y Belén me ha contado su temor a que vuelen hoy, ella soñó que algo malo ocurriría y desea que ustedes la escuchen.
Los padres me miraron con espanto, la madre estallo en sollozo. ¿Qué les pasaba?, no entendía y voltee a mirar a Belén, ¡No estaba!, ahora era yo la asustada, ¿Qué pasaba, dónde estaba esa niña?
-¿Has dicho Belén?- me preguntó la madre.
-Si, su hija, estaba conmigo hace unos instantes, no entiendo donde se ha metido-
Le respondí asustada, pasando a contarle toda la conversación y características de la niña. Al terminar mi relato, la madre lloraba y dándome un beso en la mejilla dijo:
-Efectivamente, Belén era nuestra hija, murió de cáncer hace un año. Gracias por traerme su mensaje.- Miro a su esposo y en muda comprensión este recogió sus bultos de mano, abrazo a su esposa y salieron rumbo a la calle, no tomarían ese vuelo.
Yo quede allí, temblorosa y al verlos alejarse sentí su dulce voz que alegre me decía:
-¡Gracias!

Amar frente al mar

Amar frente al mar Me lo contó mi abuela y a ésta su madre y así fue contado por cada madre de la familia por generación y generaciones. No creo en leyendas y mucho menos en esta época en donde ya el fuego no maravilla ni los astros son un misterio.
Ahora voy a contártela.- Así empezó mi abuela esta leyenda:
-Muchos años atrás, por el año 1905, nuestro primer antepasado, Miguel, llegó a esta isla, conoció a una hermosa española, hija única de Doña Sofía. Esta joven se llamaba Ondina, poseía unos ojos negros hermoso y más aun su mirada.
Nuestro antepasado, era un gallardo hombre, culto, poeta, músico de nacimiento y comerciante. Cuentan que un día paseaba por el malecón del pueblo y allí vio a Ondina, verla basto para que la amara. Todos los días acudía al malecón y ambos jóvenes flechados por Cupido, dieron inicio a esta historia.
Miguel, hombre de principios, decidió pedir la mano de Ondina a su madre.
-Buenas Noches, Doña Sofía.
-Buenas Noches, Caballero. ¿En que puedo servirle?
-Me gustaría hablar con usted, si usted me lo permite.
-Pase caballero. ¡Siéntese, por favor! Usted dirá.
Miguel le explico quien era él y que Ondina y él se amaban, le hablo de su interés en hacerla su esposa, pidiéndole a Doña Sofía su consentimiento.
-Lo siento caballero, pero mi hija ya tiene pretendiente de mi agrado, en pocos días anunciaremos sus esponsales con Don Genaro, un hombre responsable.- Don Genaro era el más rico del pueblo, un hombre cincuentón que podía ser el padre de la bella Ondina.
-¿Qué dice usted? ¿Ondina lo sabe?
-Lo lamento caballero, usted no es nadie para cuestionar mi decisión. Le agradeceré se marche y no vuelva a frecuentar a mi hija.

Ambos jóvenes no encuentra ocasión para reunirse y Ondina presa de la desesperación languidece día a día.
Un día, antes de su boda, pide a su madre ir al malecón, aquel donde conoció a Miguel y mientras su madre lee un libro ella se lanza por él, perdiéndose en la profundidad del mar.
Todo el pueblo comenta la triste noticia, Miguel enloquecido del dolor pasa los días en el malecón.
Doña Sofía presa de una furia loca lo busca y al encontrarlo lo maldice, todos escuchan, sobrecogidos del temor:
-Maldito seas tú y tus descendientes, Miguel…Todos los primogénitos de tu maldita estirpe, si encuentran el amor frente al mar, ¡morirán! Este lo llamara como una amante, lo atraerá y sucumbirán en sus aguas, porque por tu amor el mar se llevo a mi Ondina, ¡Esa será mi venganza!

Esa es la leyenda, leyenda que alguna vez, cuentan, la vida de algunos de nuestros primogénitos robó, no sé si es cierta, quizás esas muerte solo fueron casualidades.
¿Cómo creerla, si ya el fuego no maravilla ni los astros son un misterio?…
Mi tío así conoció a Elena... Se enamoraron frente al mar…
Hoy, él ha muerto, y yo, sentada frente a su féretro vacío, la leyenda he recordado.

Sexo vacío

Sexo vacío Finge placer al dar su cuerpo, olor a cigarro, alcohol y perfume barato acompañan el encuentro. Ella, voluptuosa, como gata salvaje lo lleva a la cumbre, sacia del sediento la sed con sexo. El, aferrado al placer momentáneo, busca llenar vacío, afectos, otras,  lujuria o placeres ocultos.
Ella se vende, él la paga.
Cuerpo de hembra sin límites, afectos ni sueños.
Cuerpo de macho que en un pozo de aguas turbias, busca mitigar los deseos, sacudir  soledades.
Gimen, sudan desenfrenados con sus mentes alejadas, no se ven, no se unen.
La muerte asecha, los fantasmas del pasado golpean, una y otra vez, sin esperanzas mueren, ya no hay sueños pasados, la mancillada carne los ha destruido.
Sus días empiezan y terminan en una cama. Solo es un objeto, una máquina de placer.
Su alma murió,  hace mucho tiempo.
Terminado el encuentro, él parte, ligero de deseos, vacío de alma. Camina, sigue su ruta.
Ella, llena de hastío, enciende un cigarrillo, arregla su ropa y guarda su paga.
Camina solitaria, cargando, de sí, asco. Sin mirar atrás inicia la búsqueda de otro macho que pague su sexo vacío.

La Mentira más Grande

La Mentira más Grande Salí corriendo, aterrada, no podía creer lo que me estaba sucediendo.
Mi mente al compás de cada pisada que frenéticamente daba devolvía el pasado, era mi carrera un recuerdo al pasado…
Lo conocí una mañana lluviosa, llena de truenos y relámpagos, llevaba días en la ciudad, a los pocos días éramos tan amigos, como si siempre nos hubiésemos conocido. Nuestra amistad fue creciendo y poco a poco descubrimos que el amor iba posesionándose de nuestros corazones y poco a poco empezamos a tejer sueños: La boda, la casa, los hijos…Nunca entendí o nunca quise entender que solo él los forjaba, él me amaba pero por una extraña razón siempre sentía una gran tristeza cuando hablábamos de eso, ahora lo veo, ahora que es tarde…
Ayer sin poder más me descubrió su terrible secreto…Mi amor, el hombre a quien amo no es como yo, no es lo que aparenta, es un alienígena, y lo mas terrible que toda su apariencia física es falsa, su verdadero yo es horrible, posee dos ojos, azules, su piel es suave, velluda y su cuerpo es humano. Cuando lo vi no valió me repitiera que me amaba, solo podía imaginarme las veces que estuve en sus brazos, ¡Dios, que horripilante! Sentí que caía en el infierno y corrí, pero su voz me perseguía, me repetía su amor y que era suya. Corrí, sabia donde ocultarme, donde alejarme de este terror.
Sé que solo tengo un destino… ¡Morir!
Sé que si me encuentra, no podrá evitarlo, soy su experimento, un experimento que llego a amar, pero ni ese amor evitara mi destrucción. Él lo sabe, yo lo sé.
Debo morir solo la muerte evitará este infierno, pero como hacerlo sin que él se entere,
leo su mente, si alguien lee esto, explíqueselo a mis superiores, ¡les he fallado!, debo evitar que su especie se reproduzca, llevo su hijo en mi vientre, ¡llevo ese horror conmigo! Él le teme al fuego, aquí no encontrará esto. Este volcán será mi tumba, ustedes hallaran mi mensaje.
Siento que se mueve dentro de mí, lo escucho llamar a su padre, debo darme prisa.
¡Perdóneme!
Navegante…Yorhkytt Wooftkust, del planeta XCV.

 

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En busca de justicia

En busca de justicia No puedo olvidarlo, es un recuerdo imborrable como a la vez muy terrorífico.
Vuelve a mi mente una y otra vez ese momento, el momento que cambio mi vida,
el recuerdo de cuando descubrí esa mirada, ese oteo de aquel secreto, terrible, incierto y devastador.
Me vi en el reflejo de aquel espejo, mire mis ojos y sentí el abismo que ocultaba, era mi imagen y no era yo, era un pasado que me poseía, un fantasma que buscaba terminar la historia y cumplir su venganza. Era yo y no lo era, era una vida pasada, una muerte temprana en manos de aquel ladrón de vida. Se adueñaba de mí en busca de él, en busca de justicia que permitiera su descanso, este fantasma tomaba mi cuerpo, permitiéndose ser ella ahora. Tenía miedo pero debía dejarla vivir en mí, solo así ella moriría tranquila, desde ese instante fui ella, habito mi cuerpo, gobernó mi vida.
Pasaron varios meses y empezaron a creerme loca, yo solo buscaba y era mi búsqueda
un calvario, caminaba por senderos desconocidos, miraba un mundo que no reconocía pero que para ella era familiar, poco a poco sentía que me acercaba más y más al inicio, a la fuente y allí estaría la justicia tan ansiada.
Entré a un bar, mire y allí estaba, ¡el asesino!
Con temor me acerque. Ella no temía, era implacable.
-Hola Roberto- me miro, buscando en mi algo que le dijera quien era.
-¿Te conozco? ¿Quién eres?- mi rostro le era desconocido, más no su ser.
-Tu pasado, ¿Ya lo has olvidado? Aquella que mataste, quien por amor destruiste.-
-¿Quién eres? No te conozco y no he matado a nadie. ¡Estas loca!-
-¡Mírame!, soy yo, Sofía- le dije mirándolo a los ojos y en ese momento lo supo, él sin poder explicárselo lo sentía, vio la muerta en otro cuerpo. Llevándose las manos a su pecho quiso dejo escapar un grito de terror que murió en su boca, fulminándolo, su negro corazón no resistió, la muerta volvía por justicia.
Lo vio caer y lentamente se alejo de aquel sitio mientras se acercaban a socorrerlo, oyó al alejarse una voz que decía:- Pobre hombre, murió de un ataque del corazón.–
Miré mi reflejo y después de muchos días vi por primera vez mi propio ser.
Camine al presente y ella abandono mi vida. Descansando en paz.

 

Destino

Destino Caminaba sin saber donde lo llevarían sus pasos, no podía creer lo que había sucedido Recordaba el día que empezó esta historia.

Había pasado el día trabajando, cansado manejaba por la carretera, como siempre estaba sin luz y solitaria. Le apetecía una cerveza bien fría, divisando las luces de un pequeño local detuvo su vehiculo y fue en busca de la fría.
-¡Buenas noches!, dame una fría.- dijo al camarero, sentándose y contemplando el ambiente. Era un salón de baile. Veía varias parejas muy acarameladas.
Recordó de pronto a Bella, voluptuosa secretaria de su oficina. Había pasado agradables horas con ella, pero en las últimas semanas evitaba su encuentro. Cansado y hastiado decidió seguir su ruta.
Entro en su carro deseando llegar pronto, un buen baño y sueño lo despejarían.
A pocos metros del salón de baile vio caminando a una joven, - ¡Santo Dios, que hermosa!- Pensó deteniéndose.
-¿Puedo ayudarla? ¿Qué hace tan sola por aquí?
Ella lo miró con ojos lloroso y sentándose le dio las gracias, confesándole que camina sola porque perdió el auto de sus amigos que estaban en la playa. No sabe que les paso ni porque la dejaron.
El atrapado en su belleza y aquella dulce mirada se ofrece a llevarla a su hogar.
La joven agradecida dice llamarse Elena Valdivia y da su dirección.
Siente por vez primera la necesidad de seguir con esa mujer, cuestionándose si será amor a primera vista. Llegando a la casa de la joven le pide permiso para visitarla, ella sonriéndole le dice que si y él feliz parte deseando que amanezca para verla de nuevo. Sabe por ella que no tiene novio y crecen sus esperanzas de un nuevo día.

Ha pasado el día con la ansiedad del reencuentro, dentro de pocas horas vera de nuevo a Elena.
Toca la puerta y un señor de unos 50 a 60 años le abre.
-Buenas noches, perdone la molestia, ¿Podría ver a Elena Valdivia?-
- ¿Elena?- responde el señor sorprendido.

-Si, señor. Yo soy Pedro Gauss, el que ayer la trajo al encontrarla perdida. ¿Usted es su padre?-
-Si lo soy, entre, creo que tenemos que hablar.
Pedro escucha al señor, su corazón y mente se niega creerle pero las pruebas le demuestran la verdad. Elena, ¡Su Elena! murió hacen tres años en esa carretera junto con tres amigos más. Su padre con lágrimas en los ojos le muestra su foto. Pedro siente que nada importa ya, ha perdido el amor, ha perdido la única mujer que sabe lo hubiese hecho feliz.
Sus pasos guiados por su corazón se detienen, allí esta el cementerio, allí el cuerpo de su amada. Ahora sabe que hacer.

En aquella carretera repite sus pasos, para en el salón de baile, pide su fría, de nuevo sigue su ruta y allí a pocos metros la ve. Ella le sonríe y dice. - ¡Te esperaba!-
Al otro día asisten al funeral de Pedro Gauss, muerto trágicamente en un accidente en la carretera.

El Regreso

El Regreso El regreso

 

I

 

El viaje donde Castillo

 

 

 

Después de convencer a mi familia y de varias horas de vuelo llegue al Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini en Ezeiza, Argentina. Tenía deseos de conocer a Buenos Aires, pero como quedaba a 35 Km., decidí seguir las recomendaciones de Castillo y busqué un taxímetro que me llevara a la estación Retiro y allí, un tren hasta Derqui.
Ya en el tren contemplé el paisaje, pensaba en toda la información que tenía de Derqui y me preguntaba - ¿será cierta la historia de Castillo, de que allí si amo o soy fan de algún escritor- fantasma y este está de vacaciones, lo podré ver e incluso conversar con él?
Castillo, es uno de mis escritores favoritos de “La página de los Cuentos”, aunque es muy buen escritor, siempre he sospechado que también posee una extraordinaria imaginación. No sabía hasta donde podía creerle. Pero de ser cierta su historia, me encantaría ver y hablar con Neruda, Allan Poe, Bécquer, Gabriela Mistral, Agatha Christie, Alejandro Dumas, Rubén Darío, Hemingway y muchos más.
Sería un sueño hecho realidad poder escucharlos y aprender de ellos.
 
Me sentí tonta pensando todo esto, mi hermano decía que era una tonta crédula, si Castillo me escucha se burlarla de mí. El juega siempre conmigo, me cree una tonta niña, jajaja, hasta me regaña si escribo algo que no le gusta, ¿Será que tiene complejo de papá? ¿Tan viejo es? ¿Será esa la razón por lo que no me dice su edad? ¡Ay, Castillo, ya te descubriré!
Si esa historia es uno de sus inventos no todo estará perdido, conoceré a un escritor, que aunque no es famoso ni por asomo muerto, me encanta también. ¡El Señor Castillo!  
(Bueno Honey, ¡a disfrutar este viaje! solo espero que el tío de Castillo no esté en la Quinta. Jajaja, aunque ¿no será el mismo Castillo su tío?, quizás Nilda no lo delató para evitarse problemas con su flaco. Pero no, no puedo creer que Castillo sea tan, pero tan…Mmmm, mejor no soy mal pensada.)

 

 

Un poco cansada empezaba a dormitar, de pronto un señor gordo, con un bigote como brocha, pelo ensortijado  y vestido como mi tatarabuelo se sentó a mi lado, aunque un poco ridículo, traía una hermosa medalla prendida en su pecho, mirándola, sin poderme contener, le pregunté:
- Perdone Señor, ¿Qué medalla es esa? ¡Es tan hermosa!-
El señor me miró con tal asombro, que pensé si en aquel país era una mala educación preguntarle algo a un extraño, pero cuando iba a pedirle una disculpa, me hizo una pregunta de lo más extraña:
- ¿Me ves? -
-Si, perfectamente, veo muy bien.- le respondí extrañada
Entonces su rostro, de aquella expresión de asombro pasó a ser tierno y simpático, en ese momento olvidé su estrafalaria apariencia. Con dulce voz me dijo:
-Esta medalla es una condecoración de la Academia Francesa de Letras. Me la gané hace ya bastante tiempo. Mi nombre es Alejandro Dumas.-
Ahora era yo la que ponía cara de asombro, ¡Alejandro Dumas!, entonces, ¡Castillo no mintió!
Cuando volví a mirar ya había desaparecido. Sentí tanta pena, con las miles de cosas que le hubiera preguntado.
De pronto pensé que si pude ver a Dumas podría ver otros de mis preferidos, acomodé el equipaje, rogándole a Dios no perderlo y fui a caminar por todo el tren, con la esperanza de encontrar algunos de mis amados autores.
Poco a poco encontré varios autores, ¡era extraordinario!,  Julio Cortázar, Jorge Luís Borges, García Lorca, Miguel de Cervantes, Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Ernest Hemingway, Agatha Christie, Gabriela Mistral y muchos más, ¡los veía, los escuchaba! Al parecer tendrían una reunión.
Allí estaba también el señor Dumas, acercándose preguntó:
-¿Los ves?
-Si
-Nómbralos
Nombre a todos los que conocía por sus fotos, otros, por sus rostros, desconocía quienes eran.
De pronto todos me miraron y callaron. Supe que debía irme, que era una intrusa, ellos tenían su reunión, yo no era parte de ellos. Solo era una simple lectora y aprendiz de escritora. Salí, lamentando no poder seguir con ellos y más aún no poder participar, aunque fuese de espectadora de tan extraordinaria reunión.
Al llegar a mi asiento respiré, aún allí estaban mis maletas y sobre ellas la medalla que tanto había admirado.  Con ternura y lágrimas en los ojos la guardé, era un tesoro, el propio Dumas me daba parte de su vida.

 

Llena aún de una inmensa felicidad llegué a la Quinta de Castillo, ¡Cuantas cosas tenía para contarle!
Lamentablemente Edy (Castillo) no estaba. ¡Qué mal anfitrión!
Doña Sofía, su mucama, me recibió y me obligó a almorzar, porque según explico quedaban muy lejos los restaurantes y eran muy caros. No quería causar molestias, pero entendí que era una extraña en ese país y debía esperar a Castillo.

Le conté a Doña Sofía lo que Castillo me había dicho de los fantasmas de los escritores, ella me sonrió incrédula, vivía por allí más de cuarenta años y jamás había visto un fantasma. Sin atreverme a contarle mi experiencia del tren me fui a mi habitación, hacia mucho calor, después de escribir todo cuanto me había sucedido, me quite la ropa y me acosté, ¡estaba tan cansada! 

II

La Reunión
Al despertar sentí que alguien me observaba, miré por todos lados y no vi a nadie, cubriendo mi cuerpo, me dispuse a bañarme, no sin dejar de pensar que castillo me iba a escuchar, seguramente tenía un agujero por donde espiar. No podía creer que mi hermano tuviera razón al desconfiar de Castillo. ¿Castillo un fisgón?
Entré a la cocina y malhumorada le pregunté a Doña Sofía por Edy, ella sorprendida me respondió que no había llegado, aunque como anfitrión era un desastre, respiré tranquila, no era un fisgón.
¿Y el tío?- pensé. Doña Sofía me dijo que él tampoco estaba, pero que tenía un mensaje para mí, una señora llamada Gabriela, me pedía estar en “El Café Tortoni”, que según Doña Sofía no existía en Derqui, esa noche a las ocho y debía llevar la medalla, él cual era mi pase de entrada. Excitada comprendí que los escritores y poetas famosos me invitaban a su reunión.
Entré a mi habitación a buscar la medalla, estaba dispuesta a acudir a esa cita, antes de irme le dejé una nota a Edy explicándole todo lo que me había pasado, él sabría comprender, al no encontrarme, cuando regresará.
Busque un taxi y pedí al chofer que me llevara a ese café, ni él ni los taxista amigos sabían donde quedaba. Ya preocupada le suplique que tratará de pensar, respondió que en el único sitio que no sabía si había un café, con ese nombre, era en un pueblito abandonado en las afueras de Derqui. Me contó de duendes, diablos que allí habitaban, era increíblemente absurdo, no creen en fantasmas pero si en demonios.
Como se negaban a llevarme, decidí irme a pie, quedaba un poco distante, pero nada me importaba con tal de reunirme con mis amados fantasmas- escritores.
Aunque cansada llegue al pueblo abandonado y que sorpresa me llevé, no estaba abandonado. Camine varias calles y en ellas caminaban una variedad de personas, que por sus ropajes revelaban pertenecer a diferentes épocas. Comprendí que me movía entre fantasmas. Sin embargo, poco a poco, fui perdiendo el miedo normal en estas circunstancias, los fantasmas parecían no notar que era un ser vivo o la medalla me protegía. No lo sabía y la verdad solo me importaba llegar a mi cita.
Al doblar y entrar en una calle, que por su tamaño parecía principal, descubrí con alegría un letrero que decía: “El Café Tortoni”. Allí estaba el sitió de reunión.
Parado en la puerta un hombretón grande y fornido, cuidaba la entrada.
Me acerque a él y le enseñé la medalla.
¿Vos?- dijo sorprendido, agregando rápidamente- Entre ya ha empezado la reunión.
Entre sin responder nada, entendí porque le causaba sorpresa. Viva, joven y para rematar una anónima lectora, era invitada a la gran reunión. ¡Cómo amaba a mi Dumas y a Gabriela!, sin ellos no estaría ahí.
Los días que transcurrieron fueron grandiosos, escuchar poemas y textos de los labios de sus propios dueños valía más que toda la riqueza del mundo. ¡Cuánto aprendía!
Recuerdo la particular sintaxis shakesperiana,  a Cervantes declarándose poeta fracasado:
“Yo que siempre me afano y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo”.
(Se sintió mejor al decirle que su Quijote es la obra más leída), a Poe,
inventor del género policial y mis preferidos, mis amados poetas, llenando mi alma de la fuerza de sus versos, trasladándome a un mundo donde el cuerpo queda y el alma vuela libre surcando ese espacio de la fuerza del sentir.
Aunque todo el tiempo fui una espectadora, una ávida oyente, una humilde alumna, fui por esos instantes dueña del mundo de las letras.
Una noche, porque fueron muchos días que allí estuve, aunque no niego que me remordía la conciencia por Castillo, me dieron un consejo que cambio todo en cuanto creía:
“El mejor poema, la mejor prosa es aquella que nace del alma y al plasmarla, no importa elogios o fama, lo que importa es llegar y quedar en el alma de los lectores, hacer que estos amen tanto lo leído que se convirtieran en ávidos amantes de la literatura. Cuando escribas y logres esto sabrás que has triunfado. Mientras, llena tu alma de humildad y lee, allí esta el camino, el secreto para escribir”
Viví el sueño más hermoso de mi vida, comprendí lo pequeña que era y el largo camino que aún debía recorrer, pero lo haría, escribir ya no era un sueño, solo era un camino cuajado de espinas y bello como una flor, tocarla olerla, disfrutar de su belleza era suficiente aliciente para no sentir sus espinas.

III

El Regreso
Una tarde que escuchaba los poemas de Darío, Dumas muy triste me invitó a acompañarlo, me contó que Castillo y la policía me estaban buscando, que mi hermano casi mata a Castillo a golpes, en fin que mi desaparición ya era un caos para la vida de Castillo. ¡Mi pobre Edy!
¿Cómo explicar que él sabía que andaba con los fantasmas? ¿Quién le iba a creer?
Nadie comprendía porque también mis textos habían desaparecido y en lugar de ellos aparecía una mona, tan fea la pobre, que daba risa. Había borrado mis textos, cosa que le causó más problemas al pobre Edy, pero lo hice porque comprendí que debía comenzar una nueva etapa, una, donde el orgullo no me evitara crecer, aprender, esa reunión con mis adorados fantasmas me enseño que aún tenía mucho que aprender.
Castillo ya no sabía que hacer, le pesaba haber invitado a la loca dominicana, pensaba: - ¿Cómo iba a imaginar que se le ocurriría irse con los fantasmas? y para remate el hermano frenético que sigue mirándome como fiera enjaulada. Como golpea, el condenado.
¿Por qué me culpan? si soy inocente, si nunca he mirado con interés a la minita esa, si tengo a mi rubia alemana, si estoy enfermo. Suerte que la rubia me creyó, como estaba con ella todo el tiempo que Honey estuvo en mi casa. ¡Ah! que días pasé con mi rubia. ¡Ay!, pero como han dañado mi quinta, mi jardín, ¿cómo se les ocurre creer que la enterré, hasta a mis inocentes perros culpan. Si hubiese sabido lo loca que es la Honey, no la recibo. Eso me pasa por confiado y quizás la loca este correteando con uno de esos escritores muertos, si quiere un escritor le doy uno bien vivo, hasta el hijo de Nilda le hubiera hecho el favor. ¡Maldita loca!, ya sabrá quien es Castillo cuando vuelva.-
Decidí volver, Dumas me convenció que además de leer debía seguir escribiendo, así podría ir poco a poco madurando.
Tenía que contar, aunque me creyesen loca lo sucedido, debía evitar que siguieran molestando y vigilando al pobre Castillo.
Ojala él no este enojado, pero sé que me va a regañar, hasta me pondrá impedimento de entrada en Argentina.
Solo lamento no haber compartido con Castillo. ¡Tan buen hombre! y no haber visitado a Nilda.
Bueno, es hora de volver, hora de recibir los regaños de mi hermano, las preguntas de Castillo, los policías, Doña Sofía y hasta los perros, pero ¡Valió la pena!
Borrando mi sonrisa y poniendo carra de niña buena y sobretodo de “no recuerdo”, “no sé que me pasó” dejé atrás los mejores días de mi vida, Miré por última vez aquel pueblo triste.
Sonreí al recordar que allí quedaban los diablos y brujerías del pueblo de Tibor Gordon, ¡El Pueblo embrujado!... ¡Si supieran!
Caminé hasta Derqui, llevando en mi corazón todo un tesoro, volvía al mundo de los vivos, pero volvía con la certeza de que mi vida
sería distinta, había encontrado el justo equilibrio y la humildad necesaria para aprender.
Al llegar a la quinta de Castillo vi el caos que había causado, hasta debajo de los jardines me habían buscado. Un hombre paseaba abatido. Si, debe ser Castillo, ¡Uy!, que flaco es. ¿Estará enfermo?
-¿Castillo?, ¡Castillooooooooooo!
-¿Honey?... (Al fin volvió la loca), ¡Eyyyyyyyyyyy es Honey!

 

 

 

No me hagas llorar

No me hagas llorar Todos los días, Liz, visitaba el estanque, allí, quería olvidar, conversando con sus amigos, su amor imposible.
Sabía que su amor era una locura, pero ¿Quién gobierna al corazón? se preguntaba.
El estanque estaba solitario lo cual le pareció extraño.
El día estaba hermoso, había una suave brisa, un calido sol y el estanque estaba cubiertos por bellas Flores, era extraño no ver juguetear los patos en él o las ranas brincar alegres, de flor en flor. ¿Qué pasara?, se preguntaba cuando alcanzo a ver a una buena amiga.
-Hola Maggy, solitario esta hoy el estanque. ¿Sabes que pasa?
-Hola Liz, me acerque al verte, para prevenirte que no te acerques al estanque. Se ha mudado en el Rodrigo y últimamente esta terrible, se ha vuelto un ogro.
-¿Rodrigo? ¿Vive aquí?- la sorpresa fue inmensa, su amor imposible ahí.
-Pues si, hacen semanas que se mudo para acá, desde ese día el estanque esta solitario, nadie desea acercarse a él, Rodrigo es peligroso y mas últimamente, Liz me dijiste tu secreto amor por él, por favor olvídalo, no te arriesgues.
¡Ay, Maggy!, cuanto daría por olvidar ese amor.
-Liz. ¡Vete!, El no es igual que tu y además es muy peligroso.
-Gracias amiga, tienes razón, me iré.-
Y para que ella creyera se marcho, escondiéndose detrás de unos matorrales hasta que Maggy se alejo por el camino.
No podía perder la oportunidad de ver a Rodrigo.
Se acerco al estanque con precaución, estaba enamorada de Rodrigo, pero no olvidaba las palabras de Maggy.
-¿Qué haces aquí? – apareció Rodrigo con una cara de pocos amigos.
-¿No me recuerdas? Soy yo, Liz.
-¿Liz?, ah si, ya recuerdo, siempre te acercabas por mi pantano. Nunca dijiste que buscabas allí.
-Me gusta su paisaje y el misterio que adivino en él.
-¿Misterio? Jajaja, quizás la muerte sea su único misterio.
-¿Por qué dejaste el pantano?
-Estaba aburrido, muy solo, mi última compañera se fue. Busco un amor. ¿Te gustaría ser mi nuevo amor?
- ¿Yo?, no sé, me dicen que me cuide de ti, que eres malo.-
Rodrigo la mira con tristeza y unas lágrimas brotan de sus ojos.
-No me hagas llorar, mi dulce y bella damita, ¿no ves que solo me encuentro?,
¿Malo? No, solo tengo un corazón triste sin amor.
-No llores, no fue mi intención herirte, si desde que te vi en el pantano te ame.
-¿Me amas?, ¡Oh, mi dulce amada!
¡Acércate!, déjame cuidarte y amarte.
Liz sintió que la felicidad la embargaba, su amado Rodrigo seria por fin de ella. Cuan equivocados estaban todos, él solo era una pobre alma solitaria, solo necesitaba ser amado y ella lo haría feliz.
Ya sin miedo se acerco a su Rodrigo.
Este abrió su boca para besarla y de un solo bocado se comió a la pobre Liz.
Liz al darse cuenta de su fin solo pudo recordar las sabias palabras de aquel viejo refrán:
… Lagrimas de cocodrilo, lloran para engañar…
Rodrigo con cara feliz y barriga llena se hundió en las frescas aguas del estanque pensando en lo tonta que fue Liz. ¿Como el un formidable cocodrilo iba a amar a una infeliz Palomita?

 

Reflejo de amor

Reflejo de amor Sus manos lentamente lo dibujaban,
Suave lo tocaba, suave lo amaba
Y su piel agitaba, elevando la cumbre del deseo.
Joven y hermosa diosa, coronada con un manto de suave y sedoso pelo
Oscuro, con brillo de estrellas.
Sus ojos profundos cargados de sexo y deseos,
Su boca perla y rubí, susurra un te quiero.
Lentamente lo recorría, amando cada centímetro de su cuerpo
Y aquellas manos llevaban al éxtasis y abrían su secreto.
Cuanto amaba, cuanto placer alcanzaba al robar un gemido,
Al sentir brotar sus ríos.
-¡Cuan hermosa eres!- decía en susurro, le excitaba contemplar aquellos pechos
Erguidos, aquel cuerpo tembloroso de pasión.
Y sus piernas al escuchar el huracán del deseo, se hicieron jinete y cabalgaron
Elásticas, enroscándose y entregadas a su carrera, cumbre de su sueño.
Sube la marea, su mar golpea furioso, roto el dique del deseo, baña explotando mil luces, amando aquella diosa, aquella musa de sus deseos.

Parada frente a un espejo, su reflejo contempla extasiada, admirándose y aun sus manos recorren su sudoroso cuerpo, aun sus manos acarician sus cumbres henchidas por la pasión pasada, ¡Cuánto se ama!
Viendo su perfección se pregunta:
-¿Por qué no me ama, por qué su olvido? ¡Soy tan hermosa!
El espejo mudo piensa:
¿Cómo podría? Amarte es perder. Es competir con tu amante, con aquel que solo amas… ¡Tu misma!




Un sueño, una flor y el amor

Un sueño, una flor y el amor Volando en el mundo de los sueños a un jardín fui a dar, allí otro soñador, joven como yo, extasiado miraba una pequeña flor.
Era una rosa aun en capullo, delicada y hermosa, pero simplemente una flor.
Intrigada le pregunte - ¿Amigo, perdona que tiene ese pequeño capullo de rosa, que miras con éxtasis sin cesar?-
Me miro sorprendido y respondió - ¿Cómo, no lo ves?
Me intrigo su respuesta y desee saber mas, le pedí que si no era indiscreción me explicara que tenia que ver o que veía el.
Sonriendo, dulcemente, me invito a sentarme junto a el y empezó a explicarme, lo que no alcanzaba entender.
-¿Sabias que Dios guarda para cada ser humano un alma gemela o un gran amor?
Yo soñé que Dios me hablaba y este jardín me mostró, me dijo que observara esta flor, cuando sus pétalos abran totalmente mi amada me encontrara y al conocernos sabremos que es verdadero amor.
Hacen días que vengo y pacientemente la espero llegar, en pocos días todos los pétalos se abrirán.-
Mire al joven y vi, con tristeza, un hermoso rostro, en el país de los sueños se refleja el alma en el rostro del soñador, pobrecito pensé, ¡esta loco!
Sonreí con dulzura y bajando el rostro, oculte la pena que me inspiro diciéndole – Gracias por contarme, ahora entiendo, espero que encuentres tu amada, nos veremos otro día-
Sonrió y solo respondió - Hasta pronto-
Volví a mi casa porque el alba anunciaba la llegada del día, desperté y recordé mi sueño, me reí pensando lo absurdo de el.
Pasaron varios días y olvide aquel sueño.

Anoche me sentía tan triste y un cansancio se apodero de mi, me dormí y empecé a soñar...
Que hermoso jardín, que maravillas de flores, colores y aroma.
Recordé de pronto aquel joven y su flor, ¿habrá encontrado su amor? Pensé y decidí visitar el sitio donde crecía la flor.
Allí estaba, pero que sorpresa, ya no era la pequeña flor, era la flor mas bella que pudiese imaginar.
Que éxtasis sentí, mi alma supo lo que aquella vez no pudo entender, la magia del amor.
No se que tiempo dure en su contemplación ni cuando aquel joven llego, solo se que sentí al ver su rostro que era el, el que siempre espere,
Mi alma gemela, mi eterno amor.
Pasamos toda la noche juntos, solo mirándonos,
Sintiendo sin necesidad de palabras como se unían nuestras almas y empezaba nuestra vida.
Al llegar la mañana, nos despedimos y besando mi frente dijo – Hasta mañana mi amor-
Sabia al despertar que lo encontraría, no me importa que sea un sueño, ni que tu al leerme te rías...si, se que lo haces y piensas...-¡Esta loca!
-Si, quizás un poco, ¡loca de amor!

 

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La Princesa de amor

La Princesa de amor Era una princesa de piel de sol
Cabellera de noche,
Ojos de estrellas
Alma pura de amor.
Su castillo de paredes de sueños,
Techo de esperanzas
Lecho de rosas y amada por Dios.
Adorna su cuerpo hermosos vestidos
tejidos con hilos de pureza y bondad,
zapatillas de caricias y corona de humildad.
Era hermosa la princesa y mas hermosa su voz
Porque con ella llenaba las almas de sueños y amor de Dios.
Una noche un malvado y vil ladrón invadió su castillo,
era el rey del engaño, odio, avaricia y dolor.
Ya no brillan en sus ojos las estrellas,
Ya no es de sol su piel, ni de noche su cabellera.
Cubrió las paredes del castillo de engaños
Su techo de pesadillas y su lecho de dolor.
Cubrió su cuerpo de vestidos tejidos con hilos de impurezas y maldad,
Zapatillas de espinas y corona de envidia.
Era aun así hermosa la princesa pero mas
hermosa su voz, porque con ella llenaba las almas de resignación, fe y a Dios amor.
Viendo el malvado rey que no destruyo el amor que inspiraba la princesa en jaula su alma alojo
Callo su voz de fe y amor.
Era en el silencio aun mas hermosa la princesa
Pero aun mas hermosa su silenciosa voz porque con ella llenaba las almas, aun la del malvado rey, de amor y perdón.
Lloro el malvado rey y empezó amar a la hermosa princesa, princesa de amor y el amor
rompió el hechizo que cubría su vil corazón,
y una historia de amor surgió, una que nos enseña que el amor es de Dios.

 

 

El Amor y el Querer

El Amor y el Querer se encontraron una vez. No tuvieron necesidad de presentación, pues se conocían de oídas.
El Amor hablo primero.
-Tenia deseos de conocerte, ¡Oh, Querer! Porque había escuchado muchas historia de lo que haces sufrir.
-También yo quería conocerte, ¡Oh, Amor! – Contesto Querer. - ¿Qué mal he causado? ¿Te crees único, poderoso y que solo tú causas el bien?
¡Oh, eterno y gran señor!
- ¡Caramba! ¡Gracias por los halagos! – Contesto Amor sabiendo que Querer trataba de ofenderlo y buscar peleas, pero amor no sabia de odios ni guerras.- Veo que me conoces y has oído de mí, como dices, soy “Único”, porque vengo de la fuente y soy la fuente misma… ¡Soy Dios!
- ¡Caramba, Caramba! ¿Además eres Dios?- Interrumpió Querer.
- ¿No sabias que Dios es Amor? Soy parte de El, soy la fuerza que mueve todo cuanto creo, estoy en cada una de sus obras, en el azul del cielo, en millones de estrellas, en una madre, hasta en ti, solo que aun no eres completo.
- Veo que te crees perfecto.- Dijo Querer- Pero te equivocas al llamarme incompleto, soy más famoso que tú y mucho más diverso, a mí me usan en muchos deseos, ¡Ja, ja, ja!: quiero comer, quiero dinero, quiero esa rubia, en fin amor, Yo soy mi propio rey y Dios, no necesito de tontas fuentes.
¡Soy famoso y muy versátil!
- ¿Tonta fuente?, pobre Querer, ¿A caso no sabes que mueres en cada deseo cumplido, que tu vida es corta?
Eres como bien dices tan versátil o voluble que te usan y luego te olvidan, estas tan poco tiempo en sus corazones o pensamientos. Tu poderío y popularidad son efímeros.
Solo dejas vacío y tristeza, tus victimas se dan cuenta entonces de lo vano que eres y es allí que buscan la verdad y esa mi amigo solo yo la doy. Mi poder es inmenso, porque doy todo a cambio de nada, no ofrezco riquezas, placeres pasajeros, ni busco aplausos, me entrego y mi mayor recompensa es salvar y ver feliz lo amado. No amo con el cuerpo, amo con el espíritu.
Di la mayor prueba de lo que soy…
Por amor a la humanidad di a mi propio hijo, Jesús. Y aun fui mas lejos, el mundo no supo agradecerlo, lo crucifico y aun en esa tremenda agonía, estuve allí cuando dijo: “Padre, perdónalos que no saben lo que hacen”
Eso Señor Querer… ¡Eso es AMOR!
-¡Basta! ¡No digas más! – Interrumpió Querer con rostro compungido.- No puedo medir mi poder contigo… ¡Tu ganas!
Y llorando de despecho, Querer corrió a buscar refugio en el regazo de su familia:
Su madre: Pasión,
Su padre: Voluble
Sus Hermanos: Apetecer, Fantasía y Vacío.

 

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