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Ecos Del Alma

Textos de Amigos

Respuesta a tu excelente soneto.

Respuesta a tu excelente soneto.

No debemos olvidar, es peligroso
y más si se trata de cupido
ese angel precioso y fementido
que asetea corazones a su gozo

No hay amores falsos en la vida
el amor que se dá es verdadero
el amor que se recibe, si es primero,
suele ganarnos toda la partida.

El alma no se cansa, es ilusión
se cansa el cuerpo, pierde el sueño
se cansa de amar el corazón
se cansan los amores si no hay dueño.

No se puede dar amor fingido
porque entonces fingido te darán
Y fingiendo los amantes pensarán
en los amores reales que han tenido.

Lo mejor es amar concientemente
Y dar todo lo que tenga el corazón
al tiempo veras que habia razón
cuando ames y te amen para siempre.

Con respeto y saludos.
Un abracito.

Vicente Gomez

El Rincón Del Poeta 

Tu imagen en mis ojos...Por: Juan E Jara

Tu imagen en mis ojos...Por: Juan E Jara

Cuando observo tu cuerpo…
siento que la irrealidad
absorbe la voluntad.
El instante se desvanece,
lejos de ti..
Los pensamientos
tejen momentos supuestos
de tiempos lejanos, arcaicos
de otras dimensiones,
donde el piano roza el oído,
y el violín anuda el espíritu.
Siempre atrapante es la vida,
es extraña, fascinante,
recuerdo,
la vez que disfrutamos
otros besos, otros nombres,
en otras vidas.
Siempre perenne somos,
El mismo camino constantemente nos une.
Tal vez, sepas lo que siento,
Tal vez, sabes quien soy
serán mis ojos distraídos,
los que seducen tu alma.
Vida tras vida,
tus manos suavizan mi barba,
tu cuerpo se pega siempre en mi,
como mariposa
perdida en un invierno crudo con sus alas mojadas,
frágil, indefensa, clamante de calor.
en este divague
a la luz del día, con los rayos del sol,
rayando mi frente
nada importa
si lo que escribo es con el alma
aunque atraviese el túnel
gritaré tu nombre
para despertar de este eufemismo.
Claro, que con ganas de morder
esta sensación, este instante
donde soy un fantasioso
donde tu forma de ser
desintegra la razón.
La vida nos es igual
en esta caverna de platón.
Si no estamos los dos.

 Juanjara

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Cuento en copla. por Mauricio Omar Quiroz (elsantito)

Cuento en copla. por  Mauricio Omar Quiroz (elsantito) El Santito está muy triste
Ha quedado solitario,
De este amor que mucho enviste,
Y es muy poco hospitalario.

Y es muy poco hospitalario,
Al florecer con furor.
A modo de dinosaurio,
Amé instintivo y sin pudor,

Pero era un amor virtual,
De aquellos sin alborada,
Clase de amor poco usual,
Que no me promete nada.

Que no me promete nada,
Porque el futuro es incierto,
Pero pidiéndole a un hada,
No me alejó de lo cierto,

No me alejó de lo cierto,
Pa’ no lucir vehemente.
Pidiéndole un futuro yerto,
Con mis promesas clementes.

¿Con mis promesas clementes?
Inquirió con gran tormento,
Dijo no tener en mente,
Mas que amar este momento,

Mas que amar este momento,
De amar, sin promesas vanas
No pidas más argumentos,
Ama con las mismas ganas.

Ama con las mismas ganas,
Dijo llena de emoción.

Mauricio Omar Quiroz (elsantito)

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“BIOGRAFÍA DE MUJER” por Maria del Rosario Alessandrini (lagunita)

“BIOGRAFÍA DE MUJER” por  Maria del Rosario Alessandrini (lagunita) Mujer de pueblos,
que nace entre la flora,
entre la fauna, en la jaula de hierro y papel.
Mujer que vive entre el humo,
el alcohol, derrochando su belleza
sobre la llama del deseo,
entre la suave música del piano, del saxo.
Mujer traviesa, ardiente, enigmática,
lírica, esplendida compañera.
Mujer que avanza sola, sin ayuda, y con ella también
que lo puede todo, y lo pide también, que sangra enaltecida
orgullosa de ser llamada mujer,
suave, tierna, madre por sobre todas las cosas.
Mujer amante, virtuosa, enemiga de la traición,
mujer; que ser tan especial, que fluye con su Adán,
que Dios al mundo le cedió.
Hoy estás sobre él, con el orgullo, del amor
con la fe, y la mirada puesta sobre el futuro.
Mujer real audaz, genial compañera,
amiga, madre, hermana, bella ecuación,
biografía de mujer.


MARÍA DEL ROSARIO
ALESSANDRINI
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“SEMBRARE UN HUERTO EN MI SOMBRA” por (crazymouse)

“SEMBRARE UN HUERTO EN MI SOMBRA” por  (crazymouse) Sembraré un huerto en mi sombra,
y en tu vereda un jardín
donde plantaré un jazmín
con el que te haré una alfombra.
Y aquél que apenas te nombra,
porque se olvidó de ti,
sentirá celos de mi
que nunca tuve tu amor
y me robará la flor
que yo jamás conseguí.

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El Entierro por J. R. Van Ooyen (joaqledo1)

El Entierro por J. R. Van Ooyen (joaqledo1) La amo pero como todas las parejas también tenemos nuestras diferencias. Aún cuando estamos peleados yo sueño con ella... es muy femenina y hermosa.

Anoche discutimos, suelo ser inflexible a veces y muy tozudo en mis enclaves.
Agarró las llaves de mi carro y se largó. Llovía a mares y hacía mucho frío.

- Hablemos, no te vayas es peligroso que conduzcas ahora... ¡¡¡ Por favor!!!
- No quiero hablar. Siempre discutimos las mismas cosas – Dice mientras abre la puerta del garaje.
- Perdona pero eres tú la que siempre abre las heridas y jamás dejas que cicatricen.

Abre la puerta del carro, lo enciende y se va...

Voy cerrando la puerta del garaje y veo las luces de freno encenderse antes de coger la carretera.
Tengo un mal presentimiento. Cuando nos peleamos no puedo dormirme pero hoy siento, además, como una opresión en el pecho. No debió irse con esta tormenta.

Martes, tres de la mañana, llamo a su celular, no contesta, lo apagó.
Mi bebota preciosa, estoy mal, estoy preocupado, pudimos haber hablado.
Poco a poco siento que me voy durmiendo, cierro mis ojos y descanso un poco.

Seis de la mañana, suena el teléfono, alguien me alerta que debo acudir de inmediato a una dirección.
Estoy lento, no sé que me pasa. Me doy un baño, me cambio de ropas y llamo un taxi.

El taxi se detiene a las puertas del cementerio...
- ¿Señor, por qué se ha parado aquí?
- Es la dirección que me dio – Responde mirándome por el espejo.
- ¿Está seguro que es aquí?
- Muy seguro... es aquí. – Confirma.

Los ojos se me llenan de lágrimas, algo malo presagio.
- Debe ser una broma de mal gusto por eso no se identificó quien llamó. – Pienso mientras pago y me bajo.

Entro al cementerio y veo a un grupo de enterradores llevando un ataúd hasta una fosa recién abierta.
Miro desde la distancia y me siento aterrado pero a la vez atraído, me acerco.
Es temprano, hace frío, una niebla espesa cubre la fosa, parece salirse por los bordes y avanza a la altura de los pies.
Ahora ponen unas correas atravesando la tumba y la aseguran a un dispositivo con motor eléctrico. Ponen encima el ataúd.
- ¿Por qué no hay nadie? ¿Dónde están sus deudos?

Estoy por preguntar a quién están enterrando cuando veo algo sobre el féretro...

- ¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO MI AMOOOOOOOOORR!!!!

Está la foto que nos sacamos en aquél parque de diversiones y que tanto me gustaba por su bella sonrisa. Solo ella podía tener esa sonrisa resplandeciente como un sol...
Yo tengo una en mi cartera y ella llevaba otra en su porta documentos.

- ¡¿Qué va a ser de mí sin ti “cosita preciosa”)!

Lloro desconsoladamente mientras la urna desciende lentamente.

Dos mujeres con vestidos negros ceñidos al cuerpo, tacos altos, capelina con velo y guantes de seda, todo en negro, se acercan.

Paradas al otro lado de la fosa miran bajar el ataúd. Una de ellas saca un pañuelo y seca sus lágrimas. Cuando este llega al fondo ellas vienen hacia mí y se ubican una a cada lado.
Miro a la que está a mi izquierda y le pregunto su nombre.

- Tristeza - Me responde

Levanto su velo y veo su rostro tan hermoso, su naricita roja, sus ojos llorosos y su mirada profunda. No deja de mirarme y se acerca lentamente mientras va quitándose un guante, me abraza, observa mi rostro con detenimiento, recorre con su dedo mis facciones, va delineando mis labios con el índice, se aproxima y se detiene un instante frente a mi boca, siento su respiración y un perfume a carmín, sus ojos se van cerrando y me besa.

No entiendo nada, la miro desconcertado y dos lágrimas resbalan por sus mejillas. No dice nada... solo me mira.

- Tristeza, presiento que vas a quedarte mucho tiempo conmigo.

Ella va a decir algo cuando es interrumpida por la otra a mi derecha... que la aparta de mi.
– No, sólo yo me quedaré contigo.

Levanto su velo y veo un rostro bellísimo. Sus negros ojos contrastan con la palidez de su piel.

- Debo advertirte que yo sigo amando a Laura. – Le digo y la miro profundamente.

Ella no responde... sonríe. Sale de mi lado, se ubica a mi frente, ajusta mi corbata, acomoda mi solapa y me dice: - ¿Vamos?
- ¡Perdón! ¿Quién eres tú?
- Soy la que te ama desde siempre, la que te quiere a ti, la que te esperó cada día, la que padeció por no tenerte, la que vino a buscarte...
- ¿Pero qué te pasa, acaso no ves mi dolor? ¿Quién eres? Creo que te he visto antes... ¿Nos conocemos?

Los sepultureros volvieron, están colocando la lápida, la niebla no deja ver bien... hasta que por fin se disipa un poco ¡¡¡NO PUEDO CREERLO!!!

- Sucedió el martes, hoy es jueves, Laura no sabe nada y va a cenar con sus amigas... ¡Si te vieras la cara...! ¿Ya sabes quien soy, verdad? – Me dice.
- Sí, ya sé...
- ¿Tienes miedo?
- Bueno, sí, un poco... ¿No dan permiso para despedirse o sí?
- No, lo siento ¿Qué querías decirle?
- Quería que supiera que yo la... Bueno, que yo... ¿De qué serviría ahora?... ¡Vamos!


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“Prohibido” por Maria Magdalena Gabetta (gmmagdalena)

“Prohibido” por Maria Magdalena Gabetta (gmmagdalena) Somos un par de pajillas
sobre el mar bravío de
los sentimientos
Dos náufragos de vidas pasadas
Dos desesperados que se encuentran
encadenados con el pensamiento
¡Prohibido enamorarse! nos gritamos
y no tomamos de las manos
¡Prohibido ilusionarse!
y contamos estrellas sentados
en el balcón de la noche
¡Prohibido acariciarnos!
y los ojos se nos pegan en el
dulce terciopelo de cada
rincón de nuestros cuerpos
¡Prohibido desearnos!
y el corazón se nos hace nido de
pasiones que íntegros nos recorren
provocándonos orgasmos.
Prohibimos lo prohibido
y juntos nos extraviamos
náufragos en el mismo mar
dos desesperados..

María Magdalena

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Imaginación por Maurice Berger (castillo)

Imaginación por Maurice Berger (castillo) (Basado en Girondo)
¿Quién me ordenó quedarme en este pueblo perdido de Dios?

¡Ha de ser tan lindo embarcarse en una fragata!

Durante las noches de luna, los marineros nos reunimos sobre cubierta. Algunos tocan el acordeón, otros acarician una mujer de goma. Yo fumo mi pipa en compañía de un amigo.

El mar me ha endurecido las pupilas. He visto demasiados atardeceres.

¿Con qué puerto, con qué ciudad, no me he acostado alguna noche?

¿Las velas serán capaces de brindarme un horizonte nuevo?

Un día en que la calma ya sea una maldición, bajaré a mi cucheta, me desanudaré el pañuelo de seda y me ahorcaré con una trenza de mujer.


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“Cielo” por Vicente Arce (--vincho--)

“Cielo” por  Vicente Arce (--vincho--) Cuando era niño acostumbraba mirar al cielo por diversos motivos; tumbado en el pasto buscando formas a las nubes, desde la ventana de mi habitación contando estrellas, sentado en la playa, encontrando el punto exacto de la frontera en que dejaba de llamarse cielo y comenzaba a llamarse mar, tras una ventana viéndolo llorar o enfurecerse, o compartiendo su colorida e invertida sonrisa; papá también tenía que ver con el cielo, la misma infancia me daba una imagen difusa de su trabajo, sabía que trabajaba en aviones, solo eso, y no importaba, era lo único que necesitaba saber, así que también volteaba hacia arriba al escuchar el estridente ruido de las tripas de alguno de esos animales mitológicos, esperando verlo montado en alguno, sin importar el destino o el tamaño; extendía la mano para saludarlo...

-incluso creía que algunas veces llegó a corresponder la atención-.

Al paso de los años, el recorrido por escuelas y aulas de clase, libros y maestros, tareas, fórmulas y exámenes, los conocimientos adquiridos depredaron los terrenos de la imaginación; por tal motivo ahora sé que las formas de las nubes son estructuras asimétricas altamente complejas cuya conformación depende de la conjunción de un gran número de factores atmosféricos, que la geometría denomina sus formas como fractales, dejando de ser trenes, dragones, caballos o caras para ser solo formaciones de agua evaporada en formas asimétricas; que las estrellas que veía, no son los Reyes Magos en la víspera interminable del 6 de enero, que ya están ordenadas en constelaciones, que se cuentan por billones, que son astros incandescentes lejanos que generan luz propia que tarda varios miles de millones de años en llegar a la Tierra, que poseen casi todos sus respectivos sistemas planetarios; también sé que el mar no es un universo húmedo que guarda reinos con reyes y guerreros, leviatanes fabulosos; éste quedó reducido solo a un manto acuífero salado, cuna de la vida, en forma de bacterias microscópicas, que cubre más del ochenta por ciento del planeta.

El cielo ha dejado de ser el gran escenario universal y eterno, la pantalla mágica que pasaba de azul a gris, de rojo a negro, donde siempre había algo que ver, como el nado de las aves y de los insectos, el paso furtivo de monstruos, y, si se ponía mucha atención, a superman como un manchón carmesí con la prisa propia de quién va a salvar el mundo; no, el cielo es una conformación de gases, donde imperan el oxígeno, el hidrógeno, y el dióxido de carbono, se divide en capas, que envuelven al planeta, que existe un agujero en ellas producido por el uso indiscriminado de sprays por donde se cuelan rayos ultra violeta que provocan diferentes tipos de cáncer; que su llanto y su enfurecimiento es resultado de un fenómeno físico-eléctrico provocado por factores atmosféricos, vientos, frentes fríos, acumulación de agua, diferencias de temperatura, choque de electrones e iones, lo que resulta en la llamada precipitación pluvial pudiendo ser ligera o abundante, y que, dependiendo también de condiciones celestes, al haber luz solar, ésta incide en la humedad de la estratosfera haciendo las veces de prisma y defractando la luz en los tres colores primarios y sus cuatro primeras mezclas, generando así otro fenómeno óptico llamado arco-iris, donde de ninguna forma sirve de camino a Asgard, ni está el majestuoso Odín sentado enfurecido contra de su hijo Thor en un trono de oro, y ni pensar que a su final encuentras una olla con monedas doradas y un duendecillo de mal humor cuidándola...

Ah, también supe que mi padre fue jefe de mecánicos de aeronaves ejecutivas, y que ahora es socio de un modesto hangar donde se brinda servicio a aviones privados.

Así entonces, la edad y la escuela han venido minando mi inocencia y mi forma de ver las cosas, dándome menos motivos para ver al cada vez más científicamente explicado cielo; sin embargo, el mismo estridente ruido del monstruo mitológico rampante aún me hace ver hacia arriba, y tengo el impulso de levantar el brazo y saludar a papá, afanando la vista para ver como, sonriendo, corresponde la atención.


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"El cortejo y la seducción" Carlos, Piratazul, Guatemala

"El cortejo y la seducción" Carlos, Piratazul, Guatemala Hoy despierto al grito popular
de mis sentidos enervados
soberbios los instintos
clamando por ti

¿Dónde estas?

Que donde he estado preguntan
cuando tus ojos me flanquean
en pie de guerra
a distancia de un beso

Mis manos reclaman abrumadas
por tanta emoción reprimida
ahogada adormecida
a centímetros de estrujarte y
penetrar la atmósfera de tu piel
de tu calor de tus aromas
rompiendo abrupto con tus temores
en atracción gravitacional de tus deseos

Todo en mi interior clama tu nombre
reclama a grito partido
para derrocar al tirano
que cohíbe la libertad del culto a ti y
la capacidad de expresión
que ha evitado en tantos instantes mágicos
que te devore a besos

Mis dedos añoran recorrerte
mis labios absorberte
mi cuerpo transmutar
en danza con tus caderas
al ritmo de nuestros cánticos guturales

…Al amanecer
mi corazón se unió al reclamo
con poesía apasionada cantó
a tus ojos sensuales encendidos
de tu alma transparente entre expresiones
a tus manos dibujadas tomando las mías
de los deseos desnudos que te sonrojan
a la poción en tus palabras que me trastornan
de la piel de tu rostro acariciando el mío
a la caricia de tus uñas descarnando mi pasión
y al sentir agónico en tus abrazos…

En ese instante fugaz cesaron los clamores
y en silencio
suspiros y temblores convulsos
¡Au!

Y ahora que me lo pregunto
no se como voy con el cortejo…
si ya es momento de tomarte con mis manos o
si es momento de entender
que hace tiempo que caí en las tuyas …

Carlos

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ROCIO Y MIEL

ROCIO Y MIEL " ¿Te das cuenta que nunca me has dedicado nada?
Sin embargo, mis versos te han cantado..."

( mensaje en mi ldv )


...y este loco, olvidando por primera vez la rima, ha escrito :

ROCIO Y MIEL

Hoy por ti rompo la rima.
Jamás lo hice.
Porque
antes de ti
solo hay vacío.
Vago en silencio
y mi rumbo
es tan incierto que ya dá lo mismo.
Es imposible que pueda perderme jamás.
Nadie se pierde
cuando el camino
no importa a donde va.
Yo lo recorro sin fatiga !
Trae tu mapa
para que pueda comprenderte :
Ahora seguiré la ruta
que me ordenes tú
y llegaré al pais
donde todo es nuevo.
Y allí
volaré amarrado a tus alas de miel y de rocío.

Crazymouse
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La hechicera de nemetón

La hechicera de nemetón Capítulo – 1 “Camino a Nemetón

¡Las brujas existen desde antes que los espejos!
Las verdaderas brujas ven su imagen en un manantial.
Corre el siglo III AC.
En medio de la niebla, en lo profundo de aquel bosque enclavado en ese largo pero estrecho valle rodeado de montañas... allá a lo lejos se adivina una fogata.
El guerrero ve la pequeña luz rojo amarilla titilante desde aquella vereda de la montaña por la cual va bajando a “Németon” , el bosque sagrado.

El pesado caballo de guerra avanza al paso con aquel guerrero cargado con sus armas... escudo, espada, puñal, arco y flechas y la lanza llamada “Gae Bulga” de Cuchulain hijo del dios Lug.
El guerrero pertenece a una tribu celta, su nombre es Draffud y fue el “Elegido” por los druidas para acabar con la terrible hechicera Aicul.

Aicul tiene ante si un enorme caldero negro sobre leños ardiendo donde prepara un “conjuro”.
Ella no tiene ese sombrero negro con hebilla como grotesco bonete. Tampoco usa escoba porque no existían.
No es una vieja con una verruga en la nariz.
Aicul es increíblemente bella.

Tiene una extraña maldición de los dioses que pesa sobre ella... todo cuanto “escribe” es hermoso, todo lo que “dice” la “desdice”.

Si escribe “Te quiero”... ella dice “No te quiero”
Si escribe “Para ti”........ ella dice “No es para ti”

¡Cualquiera la entiende!

La bruja siente la amenazante presencia del guerrero. Sabe que está llegando y apura el fuego del caldero.
Se sienta en el suelo y abre el antiguo “Libro de Conjuros y Hechizos”... repasa la fórmula.
Otra vez levanta la cabeza y se orienta buscando ubicar al guerrero en la lejanía.
Mira a su lechuza y ésta entiende. Levanta el vuelo y se interna en la negrura del bosque.

El guerrero llega por fin a Nemetón y decide descansar. Siendo un celta se siente a gusto en el bosque. Busca un roble (árbol sagrado) para pernoctar.

Encuentra un roble y se apea del caballo. Unos ojos brillantes lo observan desde la oscuridad. Es la lechuza de la hechicera.

Apoya cuanto trae en el árbol sagrado. Toma de las riendas a su caballo y camina hacia el arroyo a saciar la sed.
La lechuza inicia el vuelo... se acerca veloz y silenciosa.
El caballo se inquieta - ¡Ya... tranquilo!... ¿Qué te sucede?
Los ojos del guerrero buscan en las tinieblas sin hallar nada.
La lechuza llega por detrás. Se encarama en su cabeza, le arranca un mechón de cabello.
¡Uoshsssss! La espada del guerrero corta el aire.
Solo una pluma cae del ave que escapa con su “tesoro” en el pico.

La lechuza llega donde la hechicera... Ella sonríe.

Capítulo – 2 “Comienzan las pesadillas”

Aicul recibe de la lechuza el mechón de cabello del guerrero Draffud con el cual preparará un brebaje para “dominarlo”.
Lo usará bajo extrema necesidad.

En una vasija saca un poco de lo que hierve en el caldero.
Va a la gruta donde tiene un altar.
Pone sobre el altar cuatro ínfimas vasijas cerradas.
Comienza una especie de rezo donde invoca a Lugh (dios de la luz. Debió haber invocado a Kernunos dios de la oscuridad).

Aquí habrá un conflicto con esta deidad seguramente porque el guerrero trae la lanza de Cuchulaín hijo de Lugh y para sus hechizos Aicul invocó al mismo dios.

Abre una vasija (esta tiene en su interior unos polvos que esperan por el brebaje). Introduce unas gotas y la pócima queda lista. Cierra la vasija.
Repite el ritual con las otras tres vasijas más la cuarta donde agrega el mechón de Draffud.
Nunca invocó a Kernunos... eso es extraño.

Es el sexto día de la luna nueva... especial para la magia ritual.
Aicul está muy favorecida.

La hechicera trabaja mejor de noche porque la favorece la Luna y el guerrero prefiere el día porque lo favorece el Sol (según la creencia celta). Por esta razón ella hizo cuanto tuvo que hacer antes del amanecer.

Al otro lado del bosque el guerrero está debajo del roble dispuesto a dormir tras la larga y agotadora jornada. Sin embargo primero extrae un poco de muérdago para preparar un brebaje con el cual contrarrestar un hechizo (prepara Guythil).

Ambos se preparan a conciencia para la contienda. Cada uno con las armas que mejor conocen.
Tanto uno como el otro son el mejor contendor que existe.
Él , diestro en armas, valiente e invencible... el ungido de los druidas.
Ella, hechicera. La mejor. Sabe todos los conjuros, todos los hechizos... es bella.
El enfrentamiento será colosal.

Aicul mira al ave. Ésta levanta el vuelo. Ella camina hacia el manantial.
Este ojo de agua está enclavado al pié de un altísimo acantilado desde donde cae un torrente de agua. Está rodeado de bosque y flores de todas clases. Su agua es cristalina.
De allí nace el arroyo del que bebe Draffud.
Las aguas están cubiertas de una tenue bruma.
La lechuza llegó hasta donde está el guerrero.
La hechicera comienza un conjuro. Saca de entre sus ropas una bolsita. Con las yemas saca un poco y lo esparce en las aguas.
Lo que ve la lechuza lo ve ella en el manantial.

Observa al guerrero. Sus armas, su caballo.
Mientras observa la imagen del guerrero acomoda sus cabellos (mujer al fin).
Nota que sobre el roble está apoyada una lanza.
Le pide al ave que se acerque. Quiere ver mejor la lanza.

Ya tiene una visión nítida. Piensa... algo le dice que ella conoce esa arma.
Piensa y piensa...¡Gae Bulga!. Su ceño se arruga. Está preocupada.
Con aquella lanza según la leyenda Cuchulaín pudo matar al infernal perro con poderes sobrenaturales de Cunnan, capaz de enfrentarse a cien guerreros a la vez.

El guerrero ya está sobre su cabalgadura y comienza su jornada.
La espada, pesada y corta la lleva envainada en la espalda con su pomo asomando por su hombro derecho. Dos puñales a cada lado en su cintura. El escudo cuelga del costado izquierdo del caballo. La lanza en su mano derecha.
Su caballo es inmaculadamente blanco. Es un caballo sagrado. Solo los druidas los tienen y los usan entre otras cosas para interpretar designios.

Aicul llama al ave.
Le entrega una de las cuatro ínfimas vasijas. La lechuza parte en veloz vuelo.
Deja caer el hechizo doscientos metros delante de Draffud.
Una espesa nube se eleva dejando entrever la colosal figura de un Cíclope.
Aquella criatura con aspecto de gigante con un solo ojo en la frente ruge furioso. Ve al guerrero e inicia su marcha hacia él.
Draffud ve aquella infernal criatura con los ojos desorbitados por dos segundos.
Clava los talones a los costados del caballo y va a su encuentro en veloz galope. Prepara su lanza.

La hechicera observa en su manantial y se preocupa. Pensó que no presentaría combate, que se regresaría.

El guerrero lanza la “Gae Bulga” pero el Cíclope la esquiva.
Da un golpe al guerrero con un revés de su gigantesca mano.
Caballo y jinete ruedan.
El Cíclope se acerca al aturdido guerrero. Levanta furioso su pié... va a aplastarlo.

La hechicera mira la escena en su manantial con su puño contra el corazón y negando con un gesto de la cabeza (parece que no quisiera ganar).
Se retira con sus ojos llorosos. No quiere ver.

cap- 3

“El combate final... ella vs él”

El Cíclope se apresta a aplastar a Draffud que aún aturdido ve la sombra del pié ceñirse sobre su humanidad.
Sin mirar rueda sobre sí mismo al momento que el pie del Cíclope hunde el suelo donde antes estaba.

Aicul vuelve al manantial. Ve que el combate continúa. Esboza una leve sonrisa. Se acomoda el cabello con un gesto de sus manos detrás de sus orejas. Seca sus lágrimas.

Ve que Draffud corre hacia el caballo y recoge el arco y las flechas que estaban sobre la hierba.
Mientras corre monta una flecha. Tensa el arco gira y dispara. Le da en una pierna.
El Cíclope se contorsiona dolorido.
Druffud monta de un salto y se aleja a la carrera.

Aicul se ve feliz.
Sin embargo el guerrero a unos doscientos metros del Cíclope detiene la carrera e inicia el regreso. El brioso corcel deja una nube de polvo tras sus poderosas patas.
El jinete a galope tendido se para sobre el lomo del corcel y arma su arco.
Aicul otra vez preocupada... - ¡Necio... necio... valiente y necio!

La flecha del guerrero silva en el aire hacia el blanco.
La saeta llega a la garganta del Cíclope que quiere quitársela.
Otra vez tensa el arco y otra saeta llega al cuello... el Cíclope tiene dificultades para respirar.
En total se clavan tres saetas en su cuello y cae de rodillas.
Ya está casi llegando cuando imparte una orden al corcel... ¡HALT! Y el caballo de detiene bruscamente. El guerrero sale despedido. Va girando en el aire y desenvainando su espada.
Empuña la espada con las dos manos como sosteniendo una estaca.
Llega a la altura de la cara del Cíclope y entierra su espada en el único ojo... hasta el cerebro.
Fulminado el Cíclope se desploma de espaldas.
Al morir no deja cadáver... desaparece igual que apareció.

Y así sigue una “hidra de siete cabezas” y luego una “arpía” a la que derrota ya en las cercanías del acantonamiento de Aicul.
El guerrero victorioso, avanza en busca de la hechicera.

Irrumpe en su caballo de guerra buscando con la vista a la temible hechicera.
Ve a Aicul.
Envaina su espada y se apea del caballo. Camina hacia ella.

– Dime, ¿has visto a la hechicera? ¿Quién eres tú?

Aicul acomoda su cabellera con un gesto de su cabeza, alza su rostro desafiante y responde – Me llamo Aicul yo soy a quien buscas.

Draffud frunce el seño. La mira ladeando la cabeza con incredulidad y desconfianza – ¡Si eres la hechicera te mataré!

Se abalanza sobre ella. Aicul lucha valientemente contra el guerrero pero sus fuerzas pronto la abandonan.
Ruedan por la hierba.
Queda a merced del guerrero. Él encima de ella puñal en mano sobre el delicado cuello.

Draffud ve el collar de oro que ella trae – ¡Era cierto! Tú, bruja endemoniada mataste al Archidruida.
- Yo no lo maté – Se defiende Aicul.
- Dime...¿Por qué traes el collar de oro “Awmaitgynn” (en celta se pronuncia Aoomairrunn)?
Solo los Archidruidas lo llevan.

- Era de mi padre... ellos lo mataron para heredar su poder.
– ¿Quieres decirme que quien me envió a matarte es el asesino de tu padre?
– No se quien te envió pero sería lo más lógico... soy un cabo suelto.

El guerrero duda.
Ve el pecho de Aicul subir y bajar con la respiración agitada por el desigual combate.

- ¿Podrías dejar de hacer eso? - Pregunta Draffud
-¿Y que es lo que hago si me tienes sometida?
– Respirar... no respires.

Aicul agobiada deja caer los brazos que tenía sobre las espaldas del guerrero y pone de lado la cabeza - ¡No puedo creer que me pidas eso!
Draffud se da cuenta que en su mano ella tiene también una daga – ¿Tú tenias todo el tiempo esa daga en mi espada?
– Por supuesto.
– Pudiste matarme.
- ¡Si!
– Eres más peligrosa que las otras criaturas a las que me enfrenté.
– Si vamos a seguir platicando... ¿podrías quitarte de encima de mí?
- ¡Ni sueñes! ... no quiero.
- ¿Por qué no?
– No sé... me gusta estar aquí.
- ¡No puedo creerlo, esto es absurdo! – Dice suspirando resignada.

Al suspirar se levantan sus pechos y se entreabre su camisola de suave cuero marrón.

- ¡No suspires! – Ordena Draffud.

Una suave brisa lleva al olfato del guerrero la fragancia de la delicada piel de Aicul.
Huele a lavandas, lilas, jazmines... margaritas.

Draffud clava su puñal en el árbol que está detrás de la cabeza de Aicul y la observa ... apasionado.

- ¿Qué?... ¿Qué me estas viendo?.. ¡No me veas! – Dice asustada.

- ¡Increíble! ¿Ahora tú me das órdenes?

Draffud la besa.

Ella se resiste (pero no usa la daga). Él la sigue besando y ella suelta su puñal... se abraza de él.
Ambos se prodigan caricias uno al otro y no paran de besarse.
Él acaricia sus piernas y su sexo.
Ella su nuca, sus cabellos.
Arden en deseos. Él aprieta su sexo contra el de ella que gime y se aferra a sus espaldas.
Él mira esos senos que suben y bajan con cada respiración y con sus manos raja la camisola.
Atrapa uno por vez en su boca... acaricia el otro.
Él levanta las escasas faldas de Aicul y sin dejar de besarla, la penetra... lentamente.
Ella susurra a los oídos del guerrero sus gemidos y acaricia sus cabellos.
Él la arremete con sus caderas... ella con las suyas hasta que ambos desesperados parecieran devorarse.
Después de un buen rato él todavía yace encima de ella.
La acaricia, besa su naricita, sus labios... sus senos.
Ella se deja mimar.

Después de un largo lapso de tiempo él se levanta y muy románticamente exclama - ¡Tengo hambre!
Sin esperar respuesta se encamina hacia el inmenso caldero negro que hierve y hierve.
Toma un cucharón y bebe un poco.
– Esta sopa esta bien condimentada... cocinas como los dioses.
– ¡No bebas eso! – Aconseja la hechicera.

Draffud con aire desafiante toma un cucharón aun más lleno que el anterior y se lo bebe “todo” sin dejar de verla a los ojos – ¡Rica tu sopa! - Exclama arrogante.

Llena otra vez el cucharón... mirada desafiante - ¡Glu... glu...glu...!
– Eso no es sopa, tengo allí hirviendo mis “calzones” de toda la semana. – Dice la hechicera sonriendo.

Draffud atomizando en el aire el contenido de su “sopa”- ¡RECONTRA MALDICIÓN! Eres la más detestable bruja que conozco.

Se va detrás de un árbol dando arcadas.
¡Uuuuuaaaaacccccc!.... ¡Te odio!
¡Cof...cof...! ¡Bruja cretina...!

Ella ríe y ríe sin parar...

Capítulo – 4 “La maldición de viceversa”

Comienza la tortura para Draffud que no logra entender a Aicul.
El ignora que sobre ella pesa una maldición de los dioses que la hace DECIR TODO LO CONTRARIO A LO QUE ESCRIBE (cuando se trata de amor)... por ello ésta maldición se llama “viceversa”.

Aicul duerme al abrigo de los brazos de Draffud.
Ya amaneció así que el guerrero deja a la hechicera dormida y se interna en el bosque en busca de casería.

Vuelve bastante antes del mediodía.
Aicul se está bañando en el estanque.
Draffud viene contento por haber capturado una buena presa y va a mostrársela a la hechicera.
Mas cuando la ve no puede hablar... es tan bella.

Observa ese ritual que realiza bajo la cascada... luego sale y se sienta sobre una roca para secarse.
Una vez seca toma una vasija y deja caer sobre sus manos solo un poco.
Se unta desde el cuello hasta las piernas.
Toma las puntas de sus cabellos y las frota con aquel líquido
de la vasija.
El guerrero nota que su olfato ya conoce ese perfume.
Ella no ha notado su presencia.

Draffud se retira con intenciones de limpiar y asar la presa.
Encuentra los leños apagados y el caldero encima.
Va a la gruta en busca de algo con qué encender el fuego.
Encuentra un papiro con un escrito...
“Apenas ayer conocí al guerrero más recio y valiente que haya visto jamás. Algo “arrogante” pero aceptable.
Sé que lo amo y lo amaré por siempre...”.
Draffud deja el papiro donde lo encontró y va donde Aicul a besarla.

Al acercarse ella de inmediato se pone su túnica y lo recibe con una sonrisa - ¿Dónde andabas?
– Fui a buscar nuestro almuerzo – Responde el guerrero.
-¿almuerzo?
– Sí, almuerzo. Al mediodía se come el almuerzo...¿no?
– Yo hago ayuno. Como una sola vez al día. Al anochecer.
- ¡Maravilloso! Como quieras... yo comeré.
Luego de eviscerar al cervatillo - ¿Con qué enciendes el fuego?

Ella unta un poco de grasa en los leños, luego le echa un polvo y con dos piedras produce una chispa. Hay un fogonazo, un olor fuerte y... fuego.

Él hace una carne asada deliciosa que unta con las especias y el vino que le diera Aicul.

Come cortando la carne desde el palo donde trinchó la presa.
Ella lo mira... huele...traga saliva.

Conversan...
- ¿Sabes que te amo... cierto? – Dice Draffud
- Yo no.
- ¿Cómo?
- Que yo no te amo... ya te lo dije.
- ¿Por qué escribiste que me amas? – Interroga frunciendo el ceño.
- No lo escribí para ti.
- ¿Tú no recibiste algún golpe en la cabeza? Dime... ¿Quién estuvo ayer contigo y te hizo el amor?
– Tú ... ¿quién más?

El guerrero se pasa la mano por la cara pensando, luego pregunta – ¿Acaso te estás burlando de mí?
- ¿Por qué no te obsesionas con otra? – Dice con total desparpajo.
– Pero si yo no estoy obsesionado contigo... yo te amo.
- Quiero que me digas dónde está la “otra” con la cual obsesionarme.
– En este bosque estamos solos. Responde ella.
- ¡Mhmmmm! Definitivamente uno de nosotros tiene un problema de comunicación. Dime... ¿Quién es el guerrero “arrogante” con quien hiciste el amor anoche y al que le dijiste “te quiero”?
– Eres tú... por supuesto que te quiero.

Esto puede decirlo porque no escribió nada que dijera “te quiero”. En el papiro que encontró Draffud escrito por Aicul dice “... lo amo...” Por lo tanto siempre que quiera decirle que lo ama dirá lo contrario a lo que escribió.

– Pero entonces me amas – Pregunta el cada vez más confundido Draffud.
- No. Nunca te amé.
Se desdice de lo que escribió... “lo amo”

- ¡Pobrecita debe ser tanto vivir sola en este bosque maldito...!
- ¿Qué quieres decir con eso?
– Nada...nada... tranquila.

Draffud piensa que ella “desvaría” porque ni siquiera sospecha que sobre ella pesa aquella maldición llamada “viceversa”.

La toma entre sus brazos y la mece.
La besa en la frente.
Y Bueno... en los labios.
A un beso le sigue otro... y otro...
Se abrazan, se besan, se miran a los ojos. Ella cierra sus ojos y vuelven a besarse con más pasión a cada instante.

Aicul apartándose de los brazos del guerrero - ¡Basta!... no sigas por favor.
– ¿Por qué?
– Las Archidruidas solo podemos hacer el amor tres veces en nuestras vidas y solo para reproducir.
- ¿Pero qué maldita estupidez es esa?
- Eso está regido por las reglas de Avalón.
– Debería regirse más bien por tus reglas (menstruaciones).
Aicul estalla en risas – Eres lo bruto... Avalón no es una mujer es un lugar.
De allí salen todas las Archidruidas. Allí se establecen las reglas por las cuales nos regimos.
– Como sea... yo no podré aguantarme.
Aicul con los brazos cruzados y negando con la cabeza - ¿Sabes?... Tú eres un salvaje que apenas sabe hablar.

Fue un comentario sin ánimo de ofender. Ella lo dijo con una sonrisa pero Draffud lo interpretó
como un insulto.

– ¡Soy un guerrero! Y...

Se interrumpe a sí mismo y muy triste dice – Tienes razón... Soy un salvaje y para hablar no puedo hacerlo por mí mismo, siempre tengo que oír primero lo que me dice el corazón.

Se da media vuelta. Recoge sus armas y busca su corcel.

- ¿Qué estas haciendo? – Pregunta Aicul al ver que está recogiendo todo.

Draffud monta de un salto. Mira a Aicul como para retener su bella imagen en su memoria y se aleja.

Ella corre y se abraza de su pierna – No quise decir eso... no te vayas.

Cruzan miradas.
- ¿Podríamos hablar? – Pregunta con una mirada suplicante y arrepentida.
- ¿Quieres hablar conmigo... con un “salvaje”?
– Es que soy un desastre para estas cosas... ¡Perdóname, por favor!

Él espolea su cabalgadura y se aleja.

Ella juega su última carta y le grita – ¡Te quiero!

Puede decir eso porque no es lo que escribió en el papiro.Ella había escrito “...lo amo...”
Si escribió “te amo” o “lo amo” al hablar dice lo contrario.. “no te amo” o “no lo amo”.
Pero como no escribió “te quiero” eso puede decirlo y no cae en viceversa.
Ella niega con naturalidad porque “no advierte” la negación, es parte de la maldición.

El guerrero y su cabalgadura desaparecen entre la espesura del bosque.

Aicul se queda meneando la cabeza en gesto de no, lleva sus manos a la cara y rompe en llanto. Reacciona, levanta la mano y grita: ¡¡¡NO TE VAYAAAAAAAAAAAAS NO TE AMOOOOOOOOO!!!
Draffud detiene su cabalgadura, la mira... y se va.

Capítulo 5: “Dos lunas”

Apesadumbrada Aicul se apresta a continuar con su solitaria vida.
Realiza cada una de sus rutinas diarias sollozando y secando sus lágrimas.

Se agrega tareas extras para distraer su tiempo y no pensar.
Va al manantial a ver si puede “verlo”.
Realiza su ritual y del manantial comienza a salir aquella bruma antes de aparecer la imagen.
Ella puede ver lo que su lechuza ve.

Su lechuza no está tras el guerrero, permanece allí mismo ya que todavía la hechicera no la envió.

De pronto en la imagen aparecen cuatro guerreros que acechan algo o “alguien”.

Aicul se inquieta.
Observa que uno de los guerreros saca un puñal y se acerca sigilosamente a “alguien” pero no alcanza a ver quien es al que va a atacar.
¡Ssssssssuhoc! Una saeta dio en el blanco. El asechante cae abatido.

La hechicera se lleva el puño al corazón. Sigue viendo con el ceño fruncido.
Los restantes tres guerreros comienzan a atisbar. Procuran localizar al que mató a su compañero.
Se dividen para encontrarlo.
De pronto ve la imagen de Draffud saltando desde un árbol y se traba en combate con uno de ellos.

La pelea dura poco. Termina cuando Draffud pasa su espada por el cuello del adversario.

Pero el ruido atrae a los otros dos y ahora sí la cosa está difícil.
Draffud los enfrenta valientemente a ambos y cruzan armas con furia.
La batalla se encarniza... el tiempo está en contra de Draffud.
Recibe una herida en el muslo izquierdo.
Eso da ánimos a sus enemigos que atacan con más furia.

De pronto se separan y dejan a Draffud en medio.

Aicul que está viendo a Draffud herido se angustia sin saber que hacer.

Empiezan a caminar en derredor de él. Quieren ponerse uno de frente y otro detrás. Sincronizan sus movimientos.

Draffud en medio gira a su vez atento y tenso... renguea de su pierna y sangra por distintas partes por cortes de espada.

El cansancio y el sangramiento son sus enemigos. La pierna herida comienza a entumecerse.
Sus desplazamientos son torpes.
Bañado en sudor y sangre espera el ataque.

Los guerreros atacan al unísono, sus espadas por sobre sus cabezas para dar fuerza al golpe.
Draffud pone una rodilla en tierra levanta su espada horizontal por sobre su cabeza bloqueando el golpe de ambas espadas. Entierra su puñal en el estómago del que está al frente.
Rueda hacia la espesura del bosque. El otro guerrero va en su persecución.

Aicul ve a Draffud demasiado sangrado. Menea la cabeza y las lágrimas inundan sus ojos.
Adivina la lucha por los movimientos de los arbustos.
Luego todo es calma.
La hechicera se inquieta y espera impaciente. Quiere ver quien ganó pero la espera se hace tensa.
Sus lágrimas ruedan por sus mejillas pero valientemente se prepara para lo peor... Acomoda su cabellera con un gesto de la cabeza. Seca sus lágrimas.

Una voz - ¿Puedes darme agua?

Aicul reconoce la voz gira y ve a Draffud que está enfundando su espada en la espalda.

Ella corre a sus brazos.
Él la recibe en un abrazo.
Se miran a los ojos. Él seca las lágrimas que todavía habitan los ojos de Aicul.
Besa el rostro de ella aquí y allá.
Ella sonríe feliz y pregunta – Te vi muy enojado cuando te fuiste... ¿Por qué volviste?
Draffud – No estaba disgustado. Me di cuenta de la presencia de esos cuatro guerreros y simulé irme para ver sus intenciones.

Aicul – Sí. Yo vi a uno que acechaba a alguien con un puñal.

Draffud - ¿No sabes a quién quería matar?

Aicul – ¡No!... no pude ver.

Draffud - Mira donde está ese guerrero al que liquidé con una flecha.

Aicul mira hacia donde señala Draffud y ve detrás del caldero al guerrero muerto.

Se lleva la mano al corazón - ¿Entonces el combate fue aquí mismo... en mi campamento?

Draffud con Aicul todavía entre sus brazos– Te querían matar a ti.
Seguro los enviaron por si yo fracasaba.

Aicul - ¿Entonces nunca pensaste dejarme?

Draffud – Bueno... en realidad sí.

Aicul – Estas mintiendo, yo sé que me amas... Mira te tengo aquí, como un pajarito comiendo de mi mano.

Draffud – ¡Ah! Como un pajarito... pero los pajaritos después que comen “vuelan”.

Mira su carita desilusionada y dice - ¡No es cierto! En realidad si me iba ellos antes de matarte habrían hecho de las suyas contigo.
Yo combatiría a mil ejércitos si fuera necesario porque tú eres mía.

Ella lo mira, se cuelga de su cuello y con una sonrisa lo besa.

¡CRASO ERROR el de Aicul!

El guerrero siente los tiernos labios y el perfume hechizante de ella.
Estruja el delgado cuerpo de la hechicera en un abrazo asfixiante y un beso intenso... muy intenso.

La levanta en sus brazos sin dejar de besarla y la lleva hasta la grama con flores donde con suavidad deja reposar su cuerpo.

Ella - ¡Mhm!... ¡Ay!... ¡Mhmm!
- Mis vo..t..os.
- ¡Sal..va...je!... ¡Mhmmm!... ¡No!...¡Ayyyyy!

Anochece... ella sobre las margaritas.
Mil luciérnagas danzan formando un “enjambre de estrellas” en ese bosque “encantado”.

Ella jadeante susurra al oído del guerrero – Ya no puedo sostener mis votos... no puedo.

Se abren las nubes y aparecen “dos lunas”, una en el cielo... la otra en el manantial.

Ella con pasión responde a las caricias y se deja invadir... profundo cuanto se puede.
Él rasga la camisola de la hechicera y besa sus senos.
Ella cierra sus ojos, gime y se abraza a su espalda con una mano, con la otra acaricia sus cabellos.
Sus pechos se levantan y bajan acompañando la agitada respiración.
Él atrapa casi todo su seno en la boca.
Ella suspira profundamente... se besan devorándose uno al otro.

Al rato, aún jadeantes ella sigue abrazada de él y se prodigan besos en el rostro...
Ella, un poco después – Ya puedes quitarte de encima de mí.
– No quiero... me gusta estar aquí, ¿algún problema?
- ¡Abracadabraaaaaaaaa...!
-¡No! Tranquila ya salgo.

Capítulo - 6 “La maldición de “viceversa”... terminó”

– Buenos días “mi amor”. – Saluda Aicul.
- ¿Cómo?
- Buenos días “mi amor”. – Repite la hechicera.
– Pero... ¿Qué paso con la maldición “viceversa”?
– ¡Es cierto! No debería poder decir “mi amor” porque eso lo escribí en aquel papiro.
- ¿Dónde están los escritos sobre esa maldición? – Pregunta el guerrero.
– Hay unos viejos escritos en aquel arcón.

Draffud los trae y comienza a leer – Esto es “persa”. A ver...

Encuentra el hechizo y la manera de contrarrestarlo.
– Aquí dice como se revierte.
- Yo lo leí hace muchísimo tiempo. Pensé que era un imposible y ahí lo dejé junto con mis esperanzas.
– Aquí dice: “Se desvanecerá el hechizo de “viceversa” Cuando el “ungido” una su sangre a la de ella la noche de dos lunas...”
– Es un imposible porque no hay dos lunas.
- ¿Qué no hay dos lunas?... si yo ya he visto como cuatro.
- ¿Pero dónde has visto cuatro lunas?... esos son cuentos tuyos.
– Si te digo que ya hay cuatro es que hay cuatro... y más bien son cuentos tuyos.
– ¡Jolínes!...Me estás “liando”... hay una sola Luna.
Draffud la atrapa y la besa – Me encanta cuando dices “jolines” y también cuando dices que te estoy “liando”. Como aquella vez de la “X” y “Z” del cierre de la caja.
– Siguiendo con el tema, ayer había dos lunas.

Aicul en brazos de Draffud le pone la palma de la mano en la frente – Pareces “normal”.
– No estoy enfermo, ayer había dos lunas, una en el cielo y la otra en el manantial.
– ¡¡¡Eso es verdad!!! Pero no unimos nuestra sangre. – Alega la hechicera.
– Sí la unimos.

Aicul vuelve a poner la palma de su mano en la frente de Draffud.

– Mira, la primera vez que te hice el amor sangraste pero yo no.
Ayer yo estaba ensangrentado después del combate y tu virginidad sangró otro poco... así unimos nuestra sangre y sí había dos lunas.

– Entonces estoy “libre”. Ya no tengo la maldición de “viceversa”.
– Bueno... no estoy tan seguro.

Ella, sentada en las rodillas de Draffud tiene un brazo rodeando el cuello y lo mira a los ojos... luego a su boca.
Le da un beso corto sobre los labios y le dice – Peleaste con un Cíclope, luego con una Hidra de Siete Cabezas, después con una Arpía... me hiciste el amor.
Peleaste con cuatro guerreros... me hiciste el amor.
Acabaste con la maldición...

Jugando con los vellos del pecho de Draffud - ¿Sabes algo?

Ya no cabe más emoción en el pecho del guerrero cuando dice - Dime... dime...
– Tu caballo huele mejor que tú... ¿podrías darte un baño?
Draffud mientras camina hacia el estanque - ¡Maravilloso! ¡ah... el amor... el amor!

– Báñate en el arroyo o jamás volveré a ver nada en el manantial.
Draffud girando cuarenta y cinco grados a la derecha – Si mi amor...

Varias semanas después.

Ella camina hacia su cascada donde se asea... él la mira de atrás y piensa... “¿Por qué moverá así sus caderas al caminar, por qué es tan femenina, por qué tan sensual, por qué siempre la quiero besar?”

La observa desnuda bajo la cascada.

Nota “algo” diferente... ¡Mhmmmmm!

Draffud le grita desde la orilla – Será mejor que vuelvas a hacer ayuno.
– ¿Por qué?
– Engordaste mucho.
- Comeré más que antes. – Responde Aicul con una sonrisa.
– ¡Claro!... como ya nos casamos... – Refunfuña Draffud.

Ella no responde. Se sienta en la roca a secarse y luego se frota el perfume.

Luego de su rutina de aseo pasa perfumada por delante de él, le regala una sonrisa y sigue.
Él la ve pasar... – ¿Por qué caminas como un “patito”?
Ella se sienta en un tronco a orillas del estanque, inclina la cabeza de lado y comienza a peinar su cabello.

Él se le acerca. Le saca el cepillo y comienza a peinarla.
- ¡Mi amor! Tú te traes algo... dime que es. – Dice Draffud meditativo.
- No estoy segura así que no diré nada. Debemos esperar.
– ¿No estas segura de qué?
– No te quiero decir nada todavía.

Él toma el rostro de Aicul entre sus manos y escudriña sus ojos- Dime que te sucede “patito”.
- Si tú me pides que baje la Luna al campamento yo te la traigo.
Aicul le da un beso y sonriendo pregunta – ¿Y cómo harías eso?
– ¿Ves aquella montaña?... Cuando la Luna comience a asomar yo le brincaré desde la cima, haré que caiga y luego la traeré hasta aquí caminando sobre ella al revés.
Aicul sonríe, menea la cabeza mirándolo y dice – Tú si eres capaz de traerme la Luna.
– También puedo traerte una “estrella”.
- ¡NO!... ¡Muchas gracias!... ¡Ni se te ocurra!

Capítulo - 7 El “secreto” bajo el ombligo de Aicul”

Dos semanas más tarde.
Draffud se despierta con el olor a los panecillos en forma de tortilla que Aicul cocina sobre una piedra al fuego.
Se acerca al lado de ella que está en cuclillas.
Aicul voltea y sonriendo le dice - ¡Buenos días, guerrero dormilón!

- ¡Ah... que bien huele eso! – Comenta el guerrero.

Con una mano la ayuda a ponerse de pié y la rodea con sus brazos mientras contempla embelesado su bello rostro y con su mano derecha le acomoda los largos y rubios cabellos.
Ella lo mira con ternura...
Él besa su nariz... después sus labios y le dice - ¡Te amo tanto... tanto!
La abraza fuerte... muy fuerte y están así un rato largo.
– Tengo un fruto en mi vientre. – Ella susurra en su oído.
- Yo todavía no comí nada. – Responde Draffud
- Para bruto... tú.
- ¿QUÉ? ... ¿CO... CO...CÓMO? ... ¿Qué dije?
Ella le toma la mano y la lleva a su vientre - Ese fruto está creciendo dentro de mí...
- ¡Ay Dios, mío espero que no sea de un árbol grande!

Se aparta y mira el vientre de ella que ya se empieza a notar.

- Te dije que no te comieras las semillas de calabaza tostadas.
- ¡JOLINES! calabaza tienes por cabeza...Te estoy diciendo que estoy esperando un bebé, nuestro bebé.

Draffud se queda petrificado. Su bruto corazón comienza a palpitar fuerte... muy fuerte.
Dirige la mirada a sus ojos sin decir palabra... quiere decirle lo que siente pero no puede. Se arrodilla y abrazado de su cintura besa su vientre.
Se para y la besa con ternura – Desde hoy serás mi “consentida”. Con razón te ves tan preciosa, tan bonita.

La lleva hasta una roca a orillas del estanque, la sienta y le pide que lo espere.

Al rato vuelve con una mano en la espalda y le dice - ¿A que no adivinas qué “flor” te traje?
Ella pone los ojos para arriba y hacia la derecha como pensando - ¡Una rosa!
- ¡No!.. no es una rosa.
- ¡Un jazmín! – Dice sonriendo con picardía.
– ¡Tampoco, no es un jazmín. Te daré una ayuda... empieza con “m”... sigue con “a”...
- ¡Lo tengo... lo tengo... es una “MARGARITA”! – Exclama eufórica.
- ¡No señora ... es una MAGNOLIA!

Le pone la magnolia en el pelo y la observa. Luego dice – Entre esa flor y tú, yo sé cuál de las dos es más bonita.
- ¿Quién? – Pregunta ella, con el sol amanecido en el rostro
- Te doy una ayuda... Empieza con “m”.

La carita de ella se vuelve triste...

- ¡¡¡MI PATICO es la más bonita!!!

Al escuchar estas palabras la sonrisa vuelve al instalarse en su carita.

De pronto él se pone serio y le dice - ¡Oye!, si es varón lo llamaremos “Draffud”.
- ¿Y si es mujer?
– En ese caso la llamaremos ... “Draffuda”. ¡Lo justo es lo justo...!
Mentira... si es niña, en honor a “viceversa”, la llamaremos con tu nombre al “reves”.

- ¡Qué buena idea! Entonces se llamará...
- ¡Shssssssssss! Dime en el oído.

Ella le dice ese nombre al oído.

- ¡Ah! Tú quieres que ese nombre luzca como... pero no, no es inversión de letras sino de sílabas por tanto el nombre será... “Culai”. ¿Cómo te quedó el ojo?

Ella se encoge de hombros y se queda así... mirando a la nada. Se muerde los labios tratando de esconder la risa.

- Aunque dicho así en verdad “Culai” suena como a ... Bueno, sabes a qué me refiero. Mejor le ponemos ese que me dijiste al oído.

Ella sonríe satisfecha y de pronto frunce el ceño.

- ¡Ay! ¿No te huele a quemado?

- ¡¡¡LOS PANECILLOS!!! – Exclaman al mismo tiempo.

Capítulo 8 - Otra vez... “jota” y “ele”

Draffud con ahínco tallaba lo que sería la cuna de su futuro hijo cuando llega Aicul.
Él la ve llegar y en la cara de ella ve cierta tristeza.

Aicul abraza al guerrero y acariciando sus cabellos le dice – Todo fue una broma, no estoy embarazada.
- ¿Qué... cómo que era una broma?
- Solo era una broma... ¡lo siento!

El guerrero deja caer de sus manos la cunita y baja la cabeza... es la viva imagen de un derrumbe.
Alza la vista y encuentra la mirada de ella.
Parece que la hechicera adivina lo que está sucediendo en el interior de Draffud.
Está leyendo sus pensamientos. De ella comienzan a brotar silenciosas lágrimas... - No lo tomes así. ¡Por favor!

– Ayer apareció la quinta luna y quiero preguntarte si tú quieres que me quede en tu bosque o me vaya. – Inquiere Draffud.
Detrás de aquella colina están enterrados los cuatro guerreros con los que peleé.
Sé que con tus hechizos a cualquiera de ellos podrías resucitar fácilmente.
En cada tumba encontrarás una letra... “F”; “K”; “M”; “L”. Ninguno de ellos te ama, solo te desean.
Yo pensé que tú me amabas... pero soy tan arrogante.
Es posible que por ser un engreído haya pensado lo que no es. Es posible que “vea cosas donde no las hay”.

Ruedan lágrimas por los ojos de Aicul cuando dice – Tú eres mi sueño... ¿Cuántas veces tengo que decirlo?

– Pero... es que tú eres “viceversa” y me confundes.

Recoge todas sus armas. Prepara su caballo. Se monta. El caballo “caracolea” pero él gira su cabeza buscando siempre la mirada de Aicul.
Draffud saca el puñal y le dice – Sigue con tu mirada el “viaje” del puñal. - Lo lanza contra un árbol y agrega - Ve donde se clavó.

Aicul va hacia el árbol; hay algo tallado.

– Hay una “jota” y una “ele”... sé lo que significa. – Dice la hechicera.

– Tú no sabes nada. En mi espada tiene un significado en el árbol... otro.
Si te alejas dos pasos verás que las letras están encerradas por un corazón...

– ¿Pero qué significan entonces? – Pregunta ella volviendo la mirada hacia el guerrero.

– La “jota” ya sabes... la “ele” es la mujer que amo.

- ¿”L”? – Pregunta Aicul.

– Tú eres “viceversa”... ¿Correcto?
Invierte tu nombre, letra por letra... esa es la mujer que amo.

Clava los talones en el brioso corcel y se aleja.

Capitulo 9. “Los Nómadas”

Después de seis días de andar, muy lejos del bosque de Németon, Draffud ve a lo lejos un campamento iluminado por varias fogatas. Todavía hay luz del crepúsculo.
Se acerca con su caballo al paso. Se detiene y comprueba si su espada sale fácil de su vaina, luego repasa sus otras armas y la lanza Gae Bulga. Conforme, entra al campamento.

Avanza y mira a hombres y mujeres que también lo observan. Alguien reconoce la Gae Bulga y se esparce rápidamente la llegada del guerrero que la porta.
De la carpa más grande sale un grupo de hombres que parecen esperar a que llegue hasta ellos.
Al aproximarse, el más anciano levanta su mano y dice ... - ¡Seas bienvenido extranjero!
Draffud se apea del caballo y saluda a los presentes - ¡Gracias por la bienvenida... soy Draffud!
Alguien se hace cargo de su caballo.

El anciano invita a Draffud a aproximarse a una fogata donde se asan varios jabalís. Todos toman asiento en torno a una mesa. Draffud espera a que todos se hayan sentado. El anciano, ubicado en la cabecera, le señala el asiento a su izquierda.
A la derecha del anciano hay otro guerrero que lo observa con cierta desconfianza. Escudriña los ojos de Draffud.
Draffud con un vistazo rápido hace un pequeño inventario de las armas que lleva.
La conversación, que es moderada por el anciano, se centra en indagar de dónde viene, a qué se dedica, de dónde es oriundo, por qué porta la legendaria lanza y quién se la dio, etc.
Draffud da una explicación y el anciano responde – Entonces eres el “ungido”.
Draffud responde – Digamos que sí.
El anciano sabe que ese caballo blanco inmaculado solo lo tienen los druidas. Confirma la historia que acaba de escuchar.

El guerrero a la derecha del anciano se ve nervioso. Sabe que el “ungido” no es cualquier guerrero. Pasó por muchas experiencias donde su temple, su coraje y valentía fue puesto a prueba como también su habilidad en el combate.

Draffud en la conversación evita mencionar el bosque de Németon. Siente que así protege a su amada Aicul de extraños.

Luego de comer y beber varias mujeres comienzan a danzar al son de pequeños tambores o timbales.
Mueven sus caderas al compás y se desplazan con mucha gracia en sus movimientos. Todas lucen cabelleras negras y largas.
Una de ellas llega bailando hasta donde está sentado Draffud y parece querer seducirlo con su baile.
El guerrero a la derecha del anciano no parece complacido.
La bailarina quiebra su cintura y arquea la espalda hasta llegar a colocar su cara muy cerca de la de Draffud y le regala una mirada persistente.
Luego levanta su talle y continúa danzando hacia la posición del otro guerrero y repite esa rutina ... solo que ella mira todo el tiempo a Draffud.
Pasa una velada agradable pero como está cansado del viaje se disculpa y se retira.

Como “buen celta” busca un roble (árbol sagrado) o un olmo para descansar. También lleva su caballo.

Se acuesta, mira el cielo estrellado pero sin Luna... no es lo mismo.
¡Hey! ... allí va una estrella fugaz. Le pediré un deseo... Cierra los ojos y pide su deseo.

Advierte la presencia de alguien que se acerca en la oscuridad pero su andar es despreocupado, no sigiloso.
Su silueta contra la luz de las fogatas es de mujer.

El guerrero piensa... ¿Tan rápido se me cumplió el deseo?
- ¿Eres tú “Patito”?
– Soy Tamara...
Llega hasta él y se sienta a su lado para conversar.

- ¿Esperabas a alguien?... dijiste un nombre.
- ¡No!... realmente no.
– ¡Qué noche tan hermosa y fresca!... ¿No crees? – Dice ella mirando las estrellas.
- ¡Sí!... muy fresca.
- Tú no hablas mucho... ¿Te sucede algo?
– Bueno... es que... bueno yo... estoy cansado.
- ¿Me estas diciendo que me vaya?
– Pues sí... digo no... no.
- ¿Eres tímido? – Pregunta Tamara con una sonrisa.
– Supieras que no.
Comienza un juego de seducción... se acuesta a su lado y suspira.

- ¿Te gusta contar estrellas? – Interroga ella.
- ¡No!
- ¿Entonces por qué ves tanto el cielo?
– Espero la Luna.
Ella se apoya en su codo izquierdo y su mano derecha acomoda los cabellos de Draffud para luego bajarla hasta el pecho.
El vestido de Tamara deja ver el hombro del brazo donde está apoyada. De su escote asoman sus senos... se desprende el primer botón.
– ¡Cierra los ojos guerrero!
Draffud cierra los ojos... ella se pone de pie y se quita la prenda superior de su vestido. Comienza a danzar para él.
Su silueta contra las lejanas fogatas no dejan ver detalle en esa oscuridad ... pero ella sigue danzando.
Él un rato después - ¡Zzzzzzzzzzzz!
- ¿Te dormiste?... ¡Estúpido... infeliz!
Toma su prenda que había dejado caer a la hierba y va hasta donde Draffud y... soberana patada en las costillas.

Él solo se pone de costado y sigue durmiendo... está soñando con “aquella brujita”.
Aparecen imágenes alocadas en su sueño y la escucha decir cosas como... “Le aclaro señor ... que yo nunca, nunca, nuncaaa...”.
“Me olvidaba de decir también... bla... bla... bla...”
También se escucha a sí mismo decir – “Debo admitirlo, usted se ve muy bonita cuando está enojada. ¡Preciosa!”

También sueña con aquellos momentos en que se devoraban a besos y se acariciaban...
Se ve sobre Aicul en aquellos precisos momentos en que sus senos subían y bajaban al compás de su agitada respiración y aquellos besos trataban de robar el alma, uno del otro hasta que llegaba aquel instante en que ese abrazo y ese beso eran los más intensos y ambos sentían en sus vientres el alma agitando sus alas para volar una hacia la otra y ser una en aquel mágico momento...

Se escucha un fuerte relincho... Draffud despierta y lo primero que ve es la pata del caballo a la que está abrazado y besando... más enamorado que nunca.

Capítulo 10 – “Los Vándalos”

Apenas despunta el alba Draffud se despierta y llega al arroyo donde comienza a asearse.
Allí está aquel guerrero que lo mira con desconfianza. Draffud lo ignora.
Termina de asearse, monta en su caballo y va a buscar caza para devolver a sus anfitriones la atención recibida.
Llega la bailarina y se dirige directamente a Draffud que está por partir.

- ¿Te vas?
– Iré a cazar algo para compartir con ustedes que me recibieron tan bien.
- ¿Entonces volverás? – Pregunta ansiosa la bailarina.
– ¡Sí!
Cerca, también aseándose, está aquel guerrero con quien cruzara miradas de desconfianza.
Draffud inclina su torso para preguntar en voz baja... - ¿Cómo se llama tu amigo?
- Él es Teekam.

En ese momento el guerrero mira a Draffud.
A las claras se nota que no le gusta que Tamara se muestre interesada en Draffud.
Luego mira a la mujer como reprochándole. No dice nada y vuelve al campamento.
Ya el sol está alto cuando Draffud ha cazado un jabalí y comienza el regreso.
Está todavía un poco distante cuando ve elevarse una columna de humo que viene del campamento y algo como un murmullo.
Instintivamente clava los talones en “Kolker” (así se llama su caballo) y rápidamente va acortando distancias.
A medida que se acerca el murmullo se va definiendo como gritos. Son gritos de mujeres asustadas y gritos de hombres en combate.
Draffud se detiene en la colina desde donde observa el campamento.
Ve hombres a caballo atacando ferozmente e incendiando las carpas. Otros salen a enfrentarlos a pié. Las mujeres corren abrazadas de sus niños... caos por doquier.

Draffud comienza a bajar la colina. A cierta distancia comienza a disparar sus flechas y jinetes caen de sus cabalgaduras.
Ya cerca desenvaina su espada y se cruza al paso de los jinetes que van en un sentido y en otro, desbastando todo a su paso.
Kolker “caracolea” y Draffud asesta golpes mortales a los jinetes que pasan a su lado.
Teekam alcanza a ver a Draffud que está peleando en desigualdad numérica... como todos.
De pronto Teekam ve a Draffud en vertiginosa carrera hacia él. Ve que saca el arco y una flecha vuela hacia el blanco. Detrás de él cae un vándalo... le salvó la vida.
El guerrero se queda un segundo pensativo pero la batalla lo llama a la realidad.
Cada uno por su lado hace estragos entre los vándalos.
Draffud ve a un joven de unos diecinueve años queriendo hacer frente a los jinetes que lo atropellan y hacen rodar.
Otra vez las poderosas patas de Kolker inician veloz carrera y otra vez una ... dos... tres saetas silban en el aire. Ruedan tres jinetes que no verán otro amanecer.
– Toma mi arco y flechas, ocúltate y dispara contra los jinetes. - Draffud le grita al joven
Otra vez Teekam en aprietos... valientemente se enfrenta a tres a la vez.
Está a unos sesenta metros.
Kolker “caracolea” nervioso.
Draffud clava los talones a su cabalgadura. Las poderosas patas del caballo dejan una nube de polvo tras de sí.
Draffud se prepara ... la Gae Bulga va en el aire... hacia un blanco múltiple.
Los tres vándalos que atacaban a Teekam son atravesados por su costillar izquierdo y quedan unidos por la lanza... ya no verán el sol de mañana.
Draffud se apea de su cabalgadura y se pone espalda con espalda con Teekam.
Espada en mano luchan incansablemente hasta que solo queda un muy reducido grupo de vándalos que emprende la retirada.

Ambos están jadeantes y tratan de recuperar el aliento.
Draffud sentado en un tronco con ambas manos apoyadas en la empuñadura de su espada que está apenas clavada en la tierra.
Teekam de pié con el torso inclinado y con las manos apoyadas en sus rodillas respira agitadamente.
De pronto Draffud ve que el rostro de Teekam se endurece y saca su puñal que lanza rápido como un rayo.
Draffud se agacha para esquivar ... el puñal hace blanco.
Se escucha un gemido y detrás de él cae un vándalo.
Draffud gira la cabeza rápidamente para ubicar a Teekam . Él está quieto.
Draffud mira alrededor y al no divisar enemigos envaina su espada y camina hacia Teekam... le tiende su mano.
Teekam sonríe y asiente con la cabeza, le da la mano y luego un abrazo.

Capítulo 11 – “De regreso ...”

Al amanecer de aquel día Draffud va como siempre a asearse al arroyo.
Se introduce hasta la mitad de su cuerpo en el agua. Coge agua con ambas manos y refresca su rostro.

Tamara desde la orilla lo saluda efusivamente. Él la mira, le sonríe. Camina hacia ella y se detiene delante de su sonrisa. Ella lo ama... lo abraza y él la mece en sus brazos... pero piensa en la brujita.
¡Si! aquella hechicera que embrujó su corazón... su alma.

Uno al lado del otro caminan recorriendo ese arroyo. Van tomados de la cintura... ella con su cabeza apoyada en el hombro de él.
¡Buuuuu!
Draffud se detiene. Suelta a Tamara. Sus ojos escudriñan el bosque. Cierra sus ojos, mueve lentamente la cabeza...
¡Buuuuuu!
El guerrero abre los ojos... un aleteo a sus espaldas.
¡Gira! el guerrero ya tiene la espada desenvainada.

Es el búho de Aicul. Se eleva al momento que deja caer a los pies de él... una margarita.
Él sigue el vuelo del ave girando sobre sí mismo. Tamara tomó la flor en sus manos.
Se la arrebata... mira la flor y mira al ave alejarse.
– Que preparen mi caballo... tengo que irme. – Pide Draffud.
- ¿Qué sucede... qué está pasando? – Pregunta Tamara sintiendo un mal presentimiento.
- “Ella” me necesita. – Dice el guerrero que empezó a caminar.
- ¿Quién es “ella”... yo te necesito?

El guerrero va por sus armas a paso de “marcha forzada”. Ella trata de mantenerse a la par casi corriendo - ¿Qué te pasa mi amor? ... ¿Quién es “ella”?
- No tengo tiempo de explicar... tengo que irme.

Trepa a lo alto de un roble donde dejó clavada la legendaria lanza Gae Bulga.
Alguien trae a Kolker listo para montar.
Él acomoda el escudo, la lanza, el arco y las flechas.
De una alforja saca los puñales y los acomoda uno en su brazo izquierdo, dos a cada lado de su cintura y dos en cada bota. La espada como siempre a su espalda con el pomo asomando por su hombro derecho.

Tamara se aferra de su espalda y llorando le dice – ¡Prométeme que volverás! ... ¡Prométemelo!
– No puedo prometer nada... ¡Adiós!
- ¿Por qué? – Pregunta interponiéndose entre él y el caballo y lo mira a los ojos
Ruedan lágrimas por sus mejillas, espera una respuesta.
– Ya tengo que irme.
– Por favor, ¡bésame!
Él la mira, ve sus ojos inundados de lágrimas.
La abraza por la cintura con el brazo izquierdo y con el derecho toma su cabellera entre sus dedos... cierra el puño atrapando los cabellos y la besa.
Ella se pone en puntas de pié y se aferra de sus espaldas, acaricia su nuca.

El beso termina... ambos se miran.
Ella extiende su mano y acaricia el rostro del guerrero... y sus labios.
Él monta de un salto y se aleja... regresa a Németon.

Recorre valles y montañas. Solo se detiene para que su caballo descanse a la medianoche... vuelve a partir con el amanecer.
Después de varios días con sus noches, frente a él, el extenso valle de Németon.
Kólker relincha.
Es medianoche. Siente una presencia detrás de él. Gira el torso... es una luna gigantesca.
Vuelve su mirada a Németon.
El guerrero sonríe - ¡Buenas noches mi amor... te extrañé!
Capítulo – 12 “La furia de Aicul”

Al amanecer el guerrero recoge sus armas y reanuda la marcha.
El bosque de Németon está a la vista.
Se adentra en los senderos. Nota que no hay pájaros, demasiado silencio. Alcanza a oír solo el agua de una cascada lejana.
Niebla que transita entre los árboles, truenos lejanos.
Kolker se nota nervioso.
¿Dónde están lo conejos, dónde las ardillas?

Escucha un retumbar. Se detiene y afina el oído... es una carga de caballería.
Un mal presentimiento se apodera de él.

Clava los talones en las costillas de su cabalgadura y el noble animal en un instante está a galope tendido sorteando árboles, saltando arbustos, arroyos y troncos caídos.
La brisa juega con las largas crines de Kolker que no se contiene ante ningún obstáculo.
Se detiene en la cima de una colina desde donde se divisa el campamento de Aicul.
La hechicera es atropellada una y otra vez por las cabalgaduras. Ella se levanta y corre. Trata de llegar a la gruta. Una y otra vez rueda.
Ella trata de correr hacia aquel lado y alguien la intercepta, quiere ir hacia el otro y lo mismo... está rodeada.

¡Sssssssssssssssssssuoc! Rueda con todo y cabalgadura un guerrero. La primer saeta llegó.
Cortan el aire una lluvia de flechas que viajan raudas cada una a su blanco.
La muerte arrastra a una docena más de guerreros.
Draffud viene a la carga espada en mano alta sobre su cabeza. Un grito de guerra sale de su garganta.

Veinte guerreros más se olvidan de Aicul y desenvainando sus espadas se lanzan a la carga contra Draffud.
Aicul mira la llegada de su amado Draffud y sonríe llevándose la mano al corazón.
Kolker sabe que hacer... es un caballo de guerra... el mejor.
Relincha y se para en dos patas, cambia de frente, protege a su jinete con su cuerpo.
La espada de Draffud relampaguea en el aire, uno, dos, tres... seis guerreros ya no verán otro amanecer.

Aicul lo ve batirse y no puede creer lo que sus ojos ven. Es la primera vez que lo ve pelear... ahora sabe por qué es el “ungido”.
Luego de la primer “pasada” los catorce guerreros restantes se reagrupan.
Conversan por unos segundos... podrán en ejecución alguna táctica de guerra contra Draffud.
Aicul ve a su amado de espaldas. Espera el nuevo ataque.

Los guerreros forman dos columnas de siete. Intentarán pasar por cada lado de Draffud.
¡Iniciaron el ataque!
El “ungido” envaina la espada ante los ojos atónitos de Aicul y los guerreros.
Kolker relincha y se levanta de manos cuando inicia la carrera al encuentro.
Draffud tiene el escudo en la mano izquierda ya están demasiado cerca... todos sueñan con ser quien mate al “ungido”.
Un rápido ademán y la Gae Bulga está en la mano derecha.
El escudo bloquea el ataque de la izquierda... la Gae Bulga atravesó a siete guerreros.
Draffud suelta la legendaria lanza de Cuchulaín y desenvaina la espada.

Aicul que está viendo todo niega con la cabeza sonriendo. No puede creer lo que ven sus ojos.
Esta vez no permite que se reagrupen, va tras ellos.
La velocidad de Kolker pronto alcanza a los últimos. Son los primeros en morir... quedan cinco.
Tras unos instantes de combate, Draffud envaina su espada.

Gira con su caballo y mira a Aicul.
Ella corre hacia él.
Draffud salta de su caballo, abre sus brazos y recibe a su amada.
Ella le dice llorando – Nunca más vuelvas a dejarme... nunca más...yo te amo... te amo... te amooooooooo.

El mira sus ojos, su rostro, atrapa sus cabellos con la mano derecha y su talle con la izquierda. Aprieta el cuerpo de Aicul contra el suyo cuando la besa intensamente.
Ella cruza sus brazos por detrás del cuello de Draffud y se besan una y otra vez.
- ¡Te quiero tanto... tanto...! - Ella susurra al oído del guerrero mientras acaricia su espalda.

¡Ssssssssssssuoc!

El rostro de Draffud se congela. Mira a la hechicera. Los músculos de la cara contraídos denotan dolor.
- ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
Aicul no entiende que le sucede pero nota que algo caliente moja sus manos.
Mira una de sus manos que hace un instante abrazaban la espalda de Draffud... ¡SANGRE!
Draffud cae sobre sus rodillas.
Aicul ve con horror la flecha clavada - ¡Noooooooooooo... no... no... por favor no... por favor...!
Draffud levanta la cabeza mira a Aicul. Algo intenta decir pero es inaudible...

El guerrero cae con el rostro contra la tierra.
Ella en medio de llantos intenta darlo vuelta pero se da cuenta que no será posible por la flecha que está clavada a su espalda.
Acerca su oído al guerrero y escucha – Siempre te amé, te amo y te seguiré amando... eres mía... mía.
De pronto sus ojos comienzan a cerrarse ante la impotencia de Aicul - ¡Nooooooooo... no quiero que te mueras... no me dejes por favor... no vuelvas a irte... no quiero... no quierooooo!
Draffud ya no puede escucharla...

Gritos de júbilo se escuchan no muy lejos.
Aicul levanta la vista y ve unos doscientos guerreros a caballo en la cima de la colina.
Levantan sus armas y lanzan gritos de triunfos.
De la otra colina otros doscientos guerreros asoman con sus cabalgaduras y también alzan sus armas y gritan su victoria.

Aicul se pone de pie. Su rostro endurecido. De sus ojos ya no brotan lágrimas.
Camina lentamente. Sus ojos van adoptando un extraño brillo que puede notarse a la distancia como dos brasas encendidas.
Los caballos se encabritan intuyendo un peligro y algunos guerreros son arrojados de sus cabalgaduras.

La hechicera de detiene en un punto equidistante de ambos ejércitos.
Levanta sus brazos y lanza un conjuro.
De inmediato el cielo se oscurece. Pesadas nubes se agrupan y el día se hace noche.
Truenos y relámpagos van de nube en nube como pasándose la voz de ataque.
Los caballos siguen arrojando a sus jinetes y huyen despavoridos.
Aicul, inmutable va levantando lentamente sus brazos y se le escucha decir algo en una lengua que nadie entiende.
Se escucha un increíble trueno... ella señala con sus manos a las tropas que están en colinas opuestas.

Nubes negras se mueven lentamente. A lo lejos la luna se levanta entre las montañas... roja como la sangre.
Los guerreros miran los cielos aterrados, saben que esas nubes no estaban ahí y que hace nada era de día.
Comienza una copiosa lluvia y un rayo parte hacia una lanza. Al rayo le sigue el sonido del trueno.
Se escuchan gritos y relinchos. Se desbandan, todo es un caos, todos quieren huir.
Las nubes siguen moviéndose lentas, pesadas, descargando sus rayos contra espadas, escudos, cascos de guerra...

Aicul no perdona. Otra vez sus manos se elevan.
Los guerreros, desde la distancia ven aquel brillo rojo en los ojos de la hechicera.

Otra vez se escucha un conjuro y la tierra entera tiembla como en el epicentro mismo de un terremoto.
La tierra se abre primero en surcos largos que parecen partir de apenas unos metros delante de la hechicera y llegan hasta las tropas. Luego los surcos se hacen abismos que se tragan guerreros, caballos, armas... todo cae en un río de lava.

De las nubes sale otra descarga de rayos y otra... y otra... y otra... La lava recorre el bosque, las llamas trepan a los árboles y el fuego devora todo a su paso... se oyen gritos y peticiones de perdón... ¡Es la furia de Aicul!

Capítulo 13 – “En mi corazón... por siempre.”

El bosque en llamas, caos, muerte... no hay sobrevivientes.
La hechicera eleva una vez más sus brazos al cielo y este se aclara. Nubes de lluvia descargan sus aguas.
Empapada Aicul permanece allí.
Observa la devastación. De la tierra negra de hollín, ahora mojada, se elevan pequeñas columnas de humo. Los cedros lucen esqueletos negros y humeantes.
Desapareció el brillo rojo de sus ojos... lo que vuelven a brillar son sus lágrimas.
A pasos lentos vuelve donde yace el cuerpo de Draffud.
Llega hasta él y se arrodilla a su lado. Lo contempla con infinita ternura. Acaricia sus cabellos. Y llora sin consuelo negando con un gesto de su cabeza.
¡Waaaaaaaaaaaa! ... ¡Waaaaaaaaaaa!
Gira rápidamente la cabeza viendo hacia la gruta. Seca sus lágrimas y corre al interior de la cueva.
Hay dos cunitas, un bebé y una beba. ¡Ya tienen hambre!
Sí, es la saga de Draffud. Jamás los vio ni supo de su existencia. Todo sucedió tan rápido...
Ella hace una pausa a su tristeza infinita y amamanta a los mellizos con mucho amor... se duermen.
Con extrema delicadeza deja a cada uno en su cunita... los besa.

Una cabeza asoma sobre su hombro...
- ¡Son hermosos mi amor... hermosos!

Aicul se paraliza un instante y sus ojos se agrandan...
Se voltea. Solo alcanza a ver una figura.
Un segundo centellea en el tiempo cuando es atrapada y besada.
Cuando reacciona está en brazos de Draffud.
- ¡Mhmmmm! ... ¡Mhmmmmm!... ¿Co... cómo... ?¡Mhmmmm!…
Sabe que es inútil querer hablar cuando Draffud la besa así que se resigna y se entrega a sus besos.
Se acarician. Él la estruja... ella se deja.
Hasta que sus manos tropiezan con la flecha...
- ¡Aaaaaaaaayyyyy! - Grita Draffud adolorido.
- ¿Todavía tienes la flecha clavada?
– Pues... ¡Sí!
Aicul cierra los ojos y se lleva la mano a la frente - ¿Cómo puedes...? ¡Ay! ¿Para qué te pregunto?... vamos a sacarla!

Mientras Aicul se hace cargo de las “curaciones” él conversa...
– Vi lo que hiciste allá afuera. Patito”... tú tienes mal carácter ¿sabias?
- Sí!... a veces soy una bruja. – Agrega ella sonriendo.
– Bella como ninguna... apasionada como ninguna y malvada como ninguna... eres única.
– Cambiando de tema, cuéntame sobre las criaturitas porque hasta donde yo sabía tú no estabas embarazada...
– Cuando pensaba que no estaba embarazada... no lo estaba.
- ¿Entonces?
– Volvimos a hacer el amor... pero luego tú te fuiste.
– ¿Por qué no me dijiste?
– Es que yo no sabía...

Luego de la curación Aicul le da un brebaje y Draffud se siente como nuevo.
Va a asomarse a las cunitas. Hace un gesto de acariciar a uno pero no se anima a tocarlos... retrocede la mano.
- ¿Quieres tener uno en brazos? – Dice Aicul que acaba de llegar a su lado.
- ¡No! ... Se van a “desarmar”... yo soy muy bruto.
Aicul lo mira con ternura...
- ¡¿Qué?! – Pregunta él.
Aicul se le acerca... lo abraza, le da un beso, le susurra al oído... ¡Te quiero!
¡¡¡ERROR!!!
- ¡Ayyyyy!... ¡Noooooo!... estas herido... no puedes... ¡Ayyyyy! – Argumenta Aicul cuando es puesta en el suelo sobre la piel del ciervo.
Draffud se detiene un instante... saborea - ¿Qué es? ... Algo me tragué.
- ¡¡¡Leche de madre!!! – Dice ella y se quedan mirando.
- ¡Riquísima! ... ¡humm! ... ¡humm! ... ¡humm! ...
Ella forcejeando con la cabeza de él - ¡Suelta... sueltaaaa...! Es para “ellos”.
Draffud se detiene... (está pensando) - ¿No podríamos darle a “ellos” leche de cabra?
Aicul mira para el techo de la gruta, cierra los ojos y niega con la cabeza - ¡Increíble!
- ¡Es una broma! ... pero ahora verás...
- ¡Noooo! ... ¡Ayyyyy! ... despacito... que tú eres un salvaje... ¡Ay! ...
Luego de un buen rato, jadeantes quedan abrazados.
Él acaricia sus cabellos, la mira con ternura y le pregunta – ¿Cómo se llaman?
Ella con una mirada cómplice responde – Ella es Ana y él Nébur.
– ¿Nébur? … ¿Es el nombre de tu padre? – Pregunta el guerrero.
- ¡No, es que todos somos... viceversa! – Responde ella luego de negar con la cabeza.

J. R. Van Ooyen

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Beso

Beso



“Hay un reflejo deeee mujeeeer… miráaaaandose en el espejo… de los deseos.” David DeMaría




Hoy te quise de nuevo. Como cada cinco minutos de todos mis días. Que te acercaras y me miraras, pero no con los ojos. Que me precisaras de otra forma, casi como te necesito yo ahora. Sin palabras que sobran ni enojos que nos pelean. Así, en silencio. Los dos, tomados de las manos. Acercando mis labios a los tuyos. Borrando esos besos de otros, rescribiendo tu boca nueva para mí. Cada centímetro dibujado por mi lengua como la recuerda, a su antojo cada pliegue de tus labios que son como los soñaba. Esa boca tuya que es mía, que la creo cien veces y la lloro otras cien más. Recorro el borde de ese beso y guardo tu sabor por miedo a no tenerlo. Borro tu pasado e invento un nuevo suspiro. El que exhala un gemido cuando besa mi boca una boca como la que dibujo con mis ganas de bajar y de caer de nuevo en la locura de tu cuerpo. Pero me quedo en ese beso eterno que no lo siento. Vuelvo a dibujar tus labios con la esperanza de que no queden más ruinas y caigo una vez más en la tentación de morderte con mis dientes. Sentir tu labio blando en mi boca y concebir en cada milímetro de mi lengua cada parte dulce de la tuya. Jugar a reinventar emociones y fingir sorpresa como la de ese primer beso. Que es como éste nuevo que diseño para vos, con sensaciones raras como la de tu lengua bordeando húmedamente las ganas de mis labios, y tu nariz buscando ese lugar justo que encaja con mi nariz, y se quedan así, respirando cada una el aire que se escoce de la otra. Y otra vez esa respiración acompasada que me hace tragar saliva sin separarme de tu boca. De esa boca que proyecta mapas inconscientes que ayudan a mis manos a llegar a donde quiero. A ese cuerpo que también deshago y construyo de nuevo, sin él, sin sus huellas en la piel que reinvento. Sin caricias que no son mías y que extraño.
Hoy te quise de nuevo… pero como ayer y anteayer y la semana pasada y la anterior… fueron cinco minutos que solo fueron… cinco minutos en mis largas veinticuatro horas de un día en ésta vida sin vida. Triste y sin vos.

Lucas Cohen (troya)

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Pétalos de Flor

Pétalos de Flor

Cierro los ojos y te pienso, tratando de escapar de este vacío que me pierde y me atrapa y me arrastra. Te imagino a mi lado, sueño tu compañía. Tu dulzura e inocencia entre mis brazos. Las lágrimas de tus miedos y temores en mis hombros. Tus pasiones recorriendo por mis venas. Imagino también jazmines. Su aroma y tu aroma que se envuelven y flotan, estimulando mis sentidos. Y mi anhelo más grande, el de tenerte para siempre, que de a poco se esfuma, aunque lo lleve tatuado en mi piel. Deseo tantas cosas tuyas y que no puedo, que soñarte me hace mal. Porque sos y no estás. Niego mis sentimientos para no agobiar tu esencia, pero mi alma no es fuerte. Recordarte me ilusiona, a pesar de que eres la imagen tras mis párpados cerrados.
Mi mano acaricia tus labios. Mis labios besan tu aroma. Tu figura penetra mi coraza. Y un silencio entre nosotros que equivale a mil palabras.
Abro los ojos. Guardo en mi mente la suavidad de tu sonrisa. También la profundidad de tu mirada y la realidad de mi presente. Pero tu imagen perdura sólo unos instantes. Luego se desvanece. Vuelvo a mi vida. Pero no resisto tu ausencia, te extraño.
Y cierro los ojos otra vez.

Lucas Cohen (troya)

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Memorias de Hilario - 42.- Preguntas a la esquina

Memorias de Hilario - 42.- Preguntas a la esquina

Cuando desperté, supe que no te encontraría… una vez más. Debe de ser esta rutina de continuas rupturas a las que me estoy habituando la que me cubre con un pesado manto de amargura que ensombrece mi mirada.
Frente al espejo, veo ese vacío en mis ojos como una boca negra y abismal que me reclama, recordándome que estoy incompleto. Ya no sólo necesito alguien que me llene, sino alguien que me vuelva a armar, que moldee y restaure las partes que se han roto en mi interior; y las que me han robado: inocencia, confianza, tolerancia, respeto, ¿amor?

El insoportable presentimiento de que doblaré esa misma esquina durante toda mi vida completamente solo, me va quitando las fuerzas de seguir. Porque se me agotan los motivos y las esperanzas, y me gana el miedo al sufrimiento, a la angustia y a la nostalgia. Porque la incertidumbre te vuelve lejana, imposible. Y esa distancia incomprensible es rabia contenida en mis entrañas, ya que si tú has nacido para mí, y yo para ti, todo lo que he vivido y expiado hasta ahora ha sido en vano. Como si hubiera un ser que dirige los hilos de mi vida y se divirtiera con mis pesares. A veces, quisiera arrancar esas ataduras de mis muñecas y liberarme de él; encerrarme y olvidar incluso que existo.

Sin embargo, sé que tú existes, y también me buscas. Por eso vuelvo a caer una y otra vez, aún cuando cada caída lacera mis rodillas. Aunque en cada intento ardan mis sentidos, y mis dedos queden cada vez más insensibles de tanto quemarse, y me ahogue con la ceniza acumulada en mi pecho. Porque, tal vez, detrás de ese nuevo rostro, estés tú, la que tanto mi alma busca …
¿Acaso estás pasando los mismos trances que yo? ¿Quiénes te partirán el corazón antes de que llegues a mí? ¿Me podrás amar cuando nos encontremos, después de pasar tanto dolor?

¿Podré amarte yo a ti…

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HoneyRocío visita a Castillo (Autor:Castillo)

HoneyRocío visita a Castillo (Autor:Castillo)

(Cuento)

—¡ No puedes viajar sola a la Argentina! —le había dicho su hermano. —¡Sólo tienes 18 años!
—Y eso ¿Qué importa? En otros países ya tienen 3 ó 4 hijos cuando cumplen los 18.
—Pero tú eres muy vulnerable, muy débil..
—¡Soy madura, concentrada y no soy débil! Tengo un carácter fuerte y sé lo que quiero.
—Pero los argentinos son terribles y si además te propones visitar a ese Castillo, de quien no tienes mayores datos que los que describe en sus cuentos, todo deja mucho que desear.
—Ese señor que tu dices, Castillo, es una persona correcta, vital, que me gusta como escribe. Y no lo voy a visitar a él, sino que iré al pueblo donde vive, Derqui se llama, donde dicen que veranean los poetas fallecidos.
—Yo creía que eran los escritores fallecidos...
—¡Es lo mismo!
—No, hermanita .No es lo mismo. No te olvides del portal de cuentos que tenemos acá. www.ficticia.com donde se recibe a los escritores pero los poetas tienen la entrada prohibida. Cosas de locos. Y esa historia que en Derqui, si amas o eres fan de algún escritor que esté de vacaciones por allá, lo puedes ver e incluso conversar con él. No me la creo.
—Yo sí la creo y eso es lo que quiero. Ya tengo preparada mi lista de escritores y poetas preferidos y amados por mí, desde mi niñez.
—Espero que tengas en tu lista a Ray Bradbury.
—¡No! Ese te gusta a vos. Yo tengo a Neruda, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Borges, Hemingway, Edgar Allan Poe, Morris West, Amado Nervo y muchos más.
—Pero, ¿en verdad crees que es posible hablar con los muertos?
—¡Sólo si vas con el corazón puro!
—Pero ese Castillo no me gusta nada y menos si tiene a su tío en la casa. Viste lo que le pasó a Nilda ¿No?
—Él me ofreció que usara su casa como base de operaciones. Vive solo, acompañado por su vieja mucama, que practicamente lo crió. De vez en cuando lo visita su hermana y su tío casi nunca. Además solo iré a dormir Comeré en cualquier restaurante del pueblo. Hablaré con los vecinos, visitaré a Nilda, que vive cerquita, en Villa Rosa, la ciudad de los rascacielos y conoceré a Negrita, la vaca que sabe manejar el ascensor. Trataré de contactar a otros escritores de los Cuentos, y si puedo iré a Corrientes a charlar con Gilda que en los Cuentos es mi escritora favorita.
—Deberás tener cuidado cuando vayas a la casa de Nilda. No te olvides que tiene un hijo adolescente que gusta de vos.
—¡Pero si es un niño!
—¡Si, pero un niño con un aparato así de grande! —le dijo riéndose y haciendo un gesto con las dos manos.
—¡Grosero, maleducado! ¡No puedo hablar con vos!

Llegó a Ezeiza a las 10 de la mañana. Tal como le recomendó Castillo, tomó un taxi a la Estación Retiro y ahí el tren a Derqui. El viaje desde Retiro a Derqui dura aproximadamente 70 minutos. Se entretuvo estudiando a los demás pasajeros que viajaban en el mismo vagón. Un señor gordo de bigotes y abundante cabello ensortijado se sentó a su lado. Traía prendida en el pecho una medalla con una cinta tricolor.
A Honey le pareció un poco ridículo que una persona viaje con una condecoración en sus ropas. No se pudo contener y le preguntó al hombre gordo:
—Perdone, señor mi curiosidad. ¿qué medalla es esa que lleva? ¡Es hermosa!
El hombre se sobresaltó y la miró con asombro.
—¿Me puedes ver? —le preguntó.
—¡Por supuesto! ¡No soy ciega! —respondió Honey.
El hombre gordo la miró con simpatía y le dijo:
—Te diré. Esta condecoración es de la Academia Francesa de Letras. Me la gané hace ya bastante tiempo. Mi nombre es Alejandro Dumas.
Honey Rocío estaba radiante. La leyenda era verdadera. Alejandro Dumas estaba en su lista. Sus novelas las había leído con avidez en su infancia. Cómo olvidar a Los 3 mosqueteros, 20 años después, El conde de Montecristo, El tulipán negro, El collar de la reina, etc. Se volvió hacia su compañero de viaje, pero éste había desaparecido. Su desencanto duró poco. Su alegría era mucha. Había cambiado algunas palabras nada menos que con Alejandro Dumas. Sólo eso, bien valía el viaje.
De pronto se le ocurrió. Este tren iba a Derqui. Seguramente viajarían el él, otros escritores. Recorrería los vagones de punta a punta tratando de reconocer a algunos de sus poetas favoritos.
Llevaba dos maletas chicas. Las puso sobre el asiento, rogando que nadie se las robara, porque Castillo le había recomendado que cuidara su equipaje, especialmente en el tren. Se puso de pié y observó a los demás pasajeros. Parecían todos buena gente. Decidió arriesgarse. No le importó nada y caminó hacia el otro vagón. Avanzó por el pasillo del tren tratando de ver las caras de los pasajeros y aunque tenía una vaga idea de los rostros de los poetas, por haberlos visto en las solapas de los libros o en alguna enciclopedia, le fue fácil reconocer a Gabriela Mistral que sentada junto a una ventanilla, fumaba con languidez un cigarrillo, con la mirada perdida en la lontananza.
No la quiso sacar de su abstracción. Ya tendría tiempo de conversar con ella en Derqui.
No logró reconocer a nadie más, salvo a Shakespeare, que le leía en voz alta Romeo y Julieta a otra persona que parecía estar junto a él, pero que Honey no veía. Posiblemente no era alguno de sus poetas favoritos.
Regresó a su asiento y contenta vió que sus valijas estaban tal como las había dejado, solo que encima de una de ellas, había una enorme medalla con una cinta tricolor. Era la condecoración de la Academia Francesa. Con los ojos cuajados de lágrimas la guardó amorosamente en su cartera.

Llegó a la quinta de Castillo a la una de la tarde. La recibió la vieja mucama que le mostró su dormitorio con un pequeño baño, donde se dio una rápida ducha.
La vieja la llamó para almorzar y le explicó que Edy estaba en Buenos Aires y volvería recién a la noche. Le dejó dicho que se sintiera como en su propia casa y que cualquier cosa que necesitara hablara con doña Sofía que era el nombre de la vieja.
Honey estaba impaciente por conocer el pueblo, por hablar con sus habitantes y sobre todo por encontrar a alguno de sus escritores favoritos.
Doña Sofía insistió para que almorzara, porque Honey no quería causar molestias ni gastos. Sólo necesitaba una cama para dormir. Eso era lo que le había aceptado a Castillo.
La anciana se rió y le dijo que Derqui era muy chico y que no habían restaurantes. Tendría que tomar un ómnibus para ir al Kilómetro 50 donde sí encontraría un Mac Donalds y muchísimos negocios de comida, Pero eso estaba a 5 Kms. de allí y los precios eran demasiado caros para el común de la gente. Le dijo además que contaban con que ella se quedaría como una integrante más de la familia y todo estaba dispuesto así. Ella no debería esperar a Castillo, porque éste era muy impuntual y muchas veces no venía a comer a ninguna hora.
—Y si falta tanto a su casa...¿Cuándo escribe? ¿A qué hora entra a Internet? —le preguntó Honey.
—Creo que lo hace de noche. A veces lo escucho de madrugada, que se ríe y que teclea. Yo nunca leo lo que escribe.
—Yo he leído muchas cosas de él y me agrada lo que escribe. Bueno, en realidad me gusta todo lo que leo. Admiro a las personas que saben evadirse de la realidad y crean historias fantásticas, que nos hacen a los lectores evadirnos y vivir las peripecias de los personajes.
—Me dijo Ed, que está muy interesada en las cosas raras que suceden en Derqui ¿No es así?
—Quiero hacer una crónica completa y tratar de ver con mis propios ojos. Pero creo que ya ví en el tren, que todo lo que dicen es verdad.
—No quiero contradecirla, pero yo vivo hace más de cuarenta años en Derqui y nunca vi nada raro. Y mucho menos fantasmas que caminaran por las calles. Creo que todo debe ser un invento de los comerciantes, para atraer turistas crédulos. Le advierto que si va al pueblo, todo estará cerrado. Acá en Derqui la siesta es obligatoria. Nadie sale a la calle hasta después de las cuatro de la tarde. Puede ser que esté abierto algún Cyber porque también son locutorios telefónicos.
—Entonces y sólo por hoy, yo también dormiré una siesta, porque el viaje me agotó.
Honey Rocío se fue a su habitación. Hacía un calor de mil demonios y el ventilador de techo giraba lentamente sin alcanzar a refrescar lo suficiente. Optó por dormir un rato sobre la cama y se desnudó completamente.
Doña Sofía terminó de lavar los platos del almuerzo cuando escuchó que golpeaban las manos.
—¡Cuándo será el día que Edy instale un timbre! —rezongó. Fue a ver quien era y se encontró con una señora de mediana edad, cabello blanquecino, tomado en un moño atrás.
—¡Buenas tardes!— la saludó la desconocida. —Estoy buscando a una chiquilla que llegó en el tren. Supe que había venido a esta casa y tendría que hablar con ella...
—¡Sí! Es una chica que viene a curiosear por el pueblo. Pero lamentablemente está durmiendo la siesta porque el viaje la dejó extenuada... Si es algo importante la despierto...
—En realidad es importante, pero puedo esperar. Prefiero dejarle un mensaje. Dígale, por favor que vaya al Café Tortoni de Derqui a las ocho de la noche. Que lleve la condecoración, porque le servirá de entrada.
—¿El Café Tortoni? ¿En Derqui? En realidad no lo conozco.
—Ella sabrá llegar. No se preocupe. Y muchas gracias. Dígale que vino Gabriela.

Honey despertó con la sensación de que había alguien más en la habitación. Se enderezó de golpe y cubriéndose el pecho con los brazos revisó la habitación, pero no había nadie más que ella..
Se vistió con la sensación de sentirse observada y se le ocurrió una idea increíble. Seguramente Castillo tendría algún agujero en las paredes por donde la espiaba. ¡Y ella que se había acostado desnuda!
Encontró en la cocina a doña Sofía y le preguntó directamente; —¿Dónde está Castillo?
La vieja la miró con curiosidad al escuchar el tono imperativo de Honey y tranquilamente le contestó:
—Edy no ha llegado todavía. Usted se va a dar cuenta cuando llegue, porque se entera todo el barrio. Ël toca la bocina en la esquina y salen los cuatro perros ladrando, muertos de contento. No hay forma de hacerlos callar. Si yo los reto se ponen malos, a veces agresivos.
La vieja levantó la vista y miró el reloj que estaba en la pared.
—Recién llegará en dos horas. A propósito: en dos horas tienes que estar en el café Tortoni. Me imagino que conoces el lugar, porque yo ni lo sentí nombrar. La señora que vino dijo que tu sabrías llegar y que lleves la condecoración que te servirá de entrada.
—¿Vino una señora por mí?—preguntó sorprendida.
—Se llama Gabriela.
Se le hizo la luz a Honey Rocio. Los fantasmas de los poetas muertos la invitaban a una reunión o sería mejor llamarlo aquelarre. ¡No! Eso era reunión de brujas. Como fuese. Por supuesto que iba a ir. Para eso había venido. ¿No sería conveniente avisarle a Castillo? ¡Pobre Castillo! Ella sospechando de él y ahora se daba cuenta que debía ser una buenísima persona. De alguna manera lo iba a recompensar por los malos pensamientos que había tenido respecto a él.

II

No sabía como llegar al Café Tortoni. Es más. Ni siquiera conocía Derqui, pues se había bajado del tren y había tomado un taxi para ir a la casa de Castillo. Decidió hacer lo mismo. En la esquina había una parada de taxis y tomó uno.
—¡Por favor, al Café Tortoni! —le pidió al taxista de muy buena manera.
El hombre que había puesto en marcha el auto, lo detuvo y le dijo:
—No lo conozco, pero le preguntaré a mis compañeros. Espere un momento.
Se bajó y fue a hablar con los otros taxistas. Ella vio como unos negaban con la cabeza y luego discutían entre sí. El hombre regresó apesadumbrado:
—¡Nadie lo conoce en este pueblo! ¿Está segura que es en Derqui? Honey asintió preocupada.
—Debe ser un Café un poco raro, misterioso, algo fuera de lo común. ¿No se le ocurre nada?
El taxista pensó un momento y le dijo:
—Lo único que se me ocurre es que pueda ser saliendo de Derqui, porque antes de llegar a Villa Astolfi hay una especie de pueblito abandonado donde ejercía la medicina natural un famoso manosanta que se llamaba Tibor Gordon. Nadie se acerca por allá porque se dice que está embrujado. De noche se ven luces y se escucha música y murmullos de conversaciones en otros idiomas.
Claro que pueden ser habladurías de viejas superticiosas, pero yo no me atrevo a ir a esta hora y ningún taxista la querrá llevar.
Honey Rocio suspiró molesta y pensó que la gente simple de este pueblo cree en brujas y demonios , pero no cree en fantasmas buenos ni en poetas fallecidos.
—Por favor, indíqueme el camino que creo que iré caminando.
El buen hombre la miró asustado y se santiguó. Le dijo que tenía que caminar unas 10 cuadras derecho e iba llegar a un camino viejo y que siguiera por él, que iba directamente al pueblo abandonado.
Honey comenzó a caminar con paso decidido y rápido. Ella no tenía miedo y sólo quería llegar a tiempo para no perderse nada de esa reunión. Los taxistas se quedaron mirándola como se perdía en la oscuridad de las calles arboladas, y comentaban el valor de la chiquilla.
—Está bastante buena la minita —comentó el taxista más chusco —Ta linda pa voltearla—aseguró otro
—Está viviendo en la casa de Castillo.
—Si la alemana lo sabe, lo va a reventar a Castillo.
—Pero entre la rubia alemana y esta morocha mexicana, me quedo con ésta.
—Si te escucha tu mujer te va a reventar a vos.
A todo esto Honey Rocío se perdió en la oscuridad y los hombres volvieron a conversar de sus temas, olvidándose de la muchacha.

Esa fue la última vez que se la vio. Así declararon ante el Juez los choferes de taxis que la vieron alejándose, caminando por la oscura calle.
Castillo había hecho la denuncia por desaparición de persona y al reunirse todos los datos de quienes la vieron, se llegó a la conclusión que desapareció en las tierras que alguna vez fueron del misterioso Tibor Gordon.
Se organizaron varios grupos de búsqueda y todos volvieron con resultados negativos. Castillo ofreció una suculenta recompensa para quien pudiera dar noticias de ella, pero todo fue inútil. A Honey Rocío se la tragó la tierra.
Después de varios días, comenzaron los comentarios de la gente malintencionada de siempre. En todas partes las hay. Algunos decían que Castillo la había violado y sin querer la había estrangulado y luego asustado de su crimen y ayudado por doña Sofía la enterraron en los fondos de la quinta.
Otros decían que la chica había regresado después de la medianoche a la casa y los perros al no conocerla la habían despedazado a dentelladas. Naturalmente Castillo la había enterrado en los fondos
Hubieron varias versiones más. Todas apuntaban contra Castillo y el Fiscal decidió allanar la casa . Una cuadrilla completa de la Municipalidad de Pilar removió toda la pequeña quinta no dejando piedra sin levantar ni terrón sin romper. Inútiles fueron las protestas de doña Sofía al ver que le destrozaban el jardín.
Cuando se dieron por vencidos y el fiscal comprobó que nada había en la casa ni en los terrenos de la quinta, se fueron en medio de las amenazas de Castillo de iniciarles juicio por daños.
Otras versiones dicen que una gran Editorial española, más bien una multinacional, se había contactado con Honey Rocio para publicar su trabajo completo. Prosa y poesía. Como Honey se negara y después viajó a la Argentina, la habrían asesinado para quedarse con las obras que Honey tenía colocadas en el Portal de los Cuentos en Internet. Todo esto porque de la noche a la mañana desaparecieron todos los trabajos de la página de Honey. Sólo había una ridícula explicación que decía que de ahora en más, se iba a dedicar a comentar y criticar trabajos de otros.
Pero los escritores de losCuentos.com no la olvidaremos y siempre vivirá en nuestros corazones.

Edgardo Castillo

http://www.loscuentos.net/cuentos/local/castillo/





La muerte y el mexicano - calaveritas dedicadas (Autor. peter_6)

La muerte y el mexicano - calaveritas dedicadas (Autor. peter_6)

 

 (Fragmento)

....................HoneyRocio,
Inteligente joven Isleña,
contendiente de sus ideales
creando poesías a caudales,
así murió la bella caribeña................

 Oscar Rodríguez

http://www.loscuentos.net/cuentos/local/peter_6/

"Acróstico\ para mi amiga \ HoneyRocio" (Autor: Nilda)

"Acróstico\ para mi amiga \ HoneyRocio" (Autor: Nilda)

Para ti AmIgA!!. Perdón por que el sistema lo disfigura, este "acróstico"

Hoy, mañana tus pasos buscaran...
Orillas de mar y vientos, para qué
Nunca tus alegrías, tus sueños, vuelen en
Él espació del olvido, cree siempre en mañanas...
Y veras!! Que desde el cielo alguien té esta cuidando, AmIgA.


Para mi querida amiga HoneyRocío.
Con cariño le dedico este “acróstico”...
Nilda.
27/9/2005

http://www.loscuentos.net/cuentos/local/nilda/

INFANCIA (Autor: poetaloco)

INFANCIA (Autor: poetaloco)

Corro, vuelo, salto,
Me gusta ser pequeño,
No deseo crecer,
Solo cuando mi amor yo encuentre.

Recuerdo los juegos,
No me gustaba estudiar,
Jugaba y reía,
La lluvia caía si cesar.

Corro, salto, vuelo,
Mi infancia pasa,
Los recuerdos se van,
Ya no juego más.

Ahora mi infancia no es mía,
Juego sin saber a que jugar,
Solo me queda,
Una persona a la que amar.

Corro, pero ya no vuelo más.
Salto pero ya me canso al andar.
Vuelo para no regresar, jamás.


PARA TODOS EN ESPECIAL PARA: Honey Rocio (HoneyRocio). SER SIEMPRE PEQUEÑA.

Ignacio Manzano Beltran

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Juventud (Autor: gmmagdalena)

Juventud (Autor: gmmagdalena)

Para mi querida Honey Rocío

Días de ensueños
regalo de juventud
encanta su luz

Agua del cielo
vierten ángeles puros
fresco manantial


María Magdalena

http://www.loscuentos.net/cuentos/local/gmmagdalena/